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Archivos de la categoría ‘Libros’

Fuente: Ministerio de Cultura

El Ministerio de Cultura, como parte del programa ‘Memoria Literaria Nacional’ del Grupo de Literatura de la Dirección de Artes, conmemora en 2011 el Año Rufino José Cuervo, dedicado al centenario del fallecimiento de este gran escritor y filólogo bogotano.

Así lo determina la Resolución No. 0096 del 28 de enero de 2011, por medio de la cual el Ministerio de Cultura declara el 2011 como Año de Rufino José Cuervo, para honrar su memoria, promover su obra y fomentar la divulgación de su vida, como ejemplo para las nuevas generaciones de colombianos.

Elvira Cuervo de Jaramillo, gestora de esta gran iniciativa que apoya el Ministerio de Cultura, aseguró que “es muy importante llegar a las nuevas generaciones destacando la figura de Rufino José Cuervo, quien dedicó su vida a estudiar, a modernizar y a volver contemporáneo la lengua de Castilla. No solo en Colombia, sino además en todo el mundo hispanoparlante se debe reconocer a Cuervo como el artífice del buen español que nos une a todos”.

Las actividades del ‘Año de Cuervo’ que comenzarán oficialmente con la programación del II Festival de la Palabra y finalizarán en 2012, incluyen la publicación de un libro que escribirá Fernando Vallejo sobre Rufino José Cuervo, el cual se imprimirá en una edición restringida en la Imprenta Patriótica del Instituto Caro y Cuervo (ICC) y en una edición amplia con editoriales mexicanas. Su lanzamiento se hará en el primer semestre de 2012, para conmemorar, además, los setenta años de fundación del Instituto Caro y Cuervo (1942-1912).

Sobre Fernando Vallejo, la Exministra Cuervo de Jaramillo aseguró que es uno de los más grandes admiradores de la obra de Cuervo y que en una oportunidad afirmó: “Fue el hombre más bueno que ha tenido Colombia y por eso lo llamó San Rufino José”.

Por otra parte, a través de su página web http://www.caroycuervo.gov.co y de la página digital ‘Lenguas de Colombia’, el ICC propondrá un “juego lingüístico”, al que podrán acceder estudiantes de colegio y personas interesadas en la comprensión y utilización del Diccionario de Construcción y Régimen de la Lengua Española, obra que inició Cuervo en el siglo pasado y que terminó el ICC en 1994.

De igual manera, se están adelantando los trámites con el Banco de la República para expedir un billete con la efigie de Cuervo. Detrás de esta labor está el expresidente Belisario Betancur, miembro del Consejo Directivo del ICC.

Cabe destacar que bajo la coordinación académica del ICC, el Programa Nacional de Estímulos del Ministerio de Cultura abrió este año una beca de investigación en revisión editorial y crítica de la memoria bibliográfica de Cuervo. El propósito de la investigación editorial objeto de la beca es compendiar el pensamiento científico, literario, político y humanista del filólogo con base en la obra publicada por el ICC, en un volumen que se publicará a principios del año entrante.

“El ICC pretende, a través de esta beca, hacerle un homenaje a su mentor. Se espera que en un nuevo volumen, fruto de este trabajo editorial, se compilen algunas de sus producciones y se ofrezca un aporte innovador y significativo tanto de la obra como de su autor”, afirmó Genoveva Iriarte, Directora del ICC.

El Ministerio de Cultura inició el Programa Memoria Literaria Nacional en el 2008 con el ‘Año Tomás Carrasquilla’. En 2009 conmemoró el ‘Año Obeso–Artel’, dedicado a los dos representantes más destacados de la poesía afrocolombiana: Candelario Obeso y Jorge Artel. En 2010 destacó la figura de Eduardo Caballero Calderón, en el marco del centenario de su natalicio.

Visite el sitio en: http://www.mincultura.gov.co/cuervo/

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Por: Julián Zuluaga Valencia

La presente investigación se sitúa en el modelo de trabajo propuesto por el Instituto de Estudios Ambientales de la Universidad Nacional de Colombia; en la temática de medio ambiente y desarrollo, siguiendo el método de una hermenéutica de las complejidades urbanas. Como estudio de caso esta dirigido a construir una simbología ambiental urbana en la ciudad de Popayán, a partir del conjunto de densidades simbólicas que se revelan desde los relatos urbanos, siguiendo sus diversos lenguajes y sus transformaciones en el tiempo; en ésta dinámica, la relación del hombre con su medio natural está mediatizada por la ciudad, se puede leer en sus distintas formas, como sociedad, como cultura y como naturaleza. La lectura de la historia de la ciudad y la percepción de sus espacios urbanos en contacto con los ecosistemas, son la base del presente estudio.

Este documento se encuentra disponible en la Web, en el Repositorio Institucional de la Biblioteca Digital, de la Universidad Nacional de Colombia.

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La Biblioteca Virtual Luis Ángel Arango, del Banco de la República, pone a disposición del público, una gran cantidad de información sobre los departamentos de Colombia, como ayuda para las tareas de la población estudiantil del país. Entre los departamentos figuran varios documentos y datos sobre el Cauca, en varios temas como historia, geografía, antropología, arqueología, entre otros.

Consulte este sitio AQUÍ

A continuación lea algunos apartes relacionados con la historia del Cauca:

El departamento estaba poblado por indígenas de las tribus guanacas, pijaos, pances, calotos, guaambianos y otras más, algunas de ellas han logrado sobrevivir y se organizan actualmente en resguardos indígenas.

El primer conquistador en llegar al territorio fue Sebastián de Belarcázar, en los siguientes textos puede leer el proceso de conquista de la región:

Belalcázar descubre a Popayán y funda las villas de Cali y Timaná, y prosigue en su descubrimiento En este capítulo del libro: Historia general de las conquistas del Nuevo Reino de Granada, Lucas Fernández de Piedrahita describe como fue la conquista, por parte de Sebastián de Belarcázar, de Popayán y Cali, y los conflictos con Lorenzo de Aldana.

Primera protesta: Popayán Este documento que se presenta en el libro: Lecturas de Historia Colonial II. Las leyes nuevas y su promulgación en la Nueva Granada (1542-1550), es un acta de la sesión celebrada por el cabildo de Popayán para suplicar sobre las nuevas leyes y ordenanzas recibidas, 16 de agosto de 1544.

Compendio histórico del descubrimiento y colonización de la Nueva Granada Gobierno de Lorenzo de Aldana en el sur. Vuelve al sur y funda la ciudad de Cartago, en la provincia de Quimbaya. Llega Andagoya de España á Cali por el Dagua, y es recibido como Gobernador. Sale de nuevo Robledo de Anserma al norte y descubre el valle de Aburrá, hoy Medellín. Atraviesa el Cauca, y en la provincia de Hebejico funda en 1541 la ciudad de Antioquia.

En 1540 se crea la provincia de Popayán, la cual incluía a Nariño, Belalcázar fue nombrado gobernador vitalicio de esta provincia, en 1541 los dominios fueron ampliados a la mayor parte del territorio colombiano (excepto el norte y nororiente). Durante la primera mitad del siglo XIX Popayán continuó siendo un importante centro político y comercial.

En 1919 la provincia hizo parte del departamento de Cundinamarca, en 1821 convertido en departamento del Cauca, entre 1831 y 1857 nuevamente fue la provincia de Popayán. En 1857 adquirió el rango de estado federal del Cauca, con poder sobre Pasto, Cauca, Chocó, Buenaventura y Caquetá. En 1886 fue elevado a departamento y se ratificó en 1910, los territorios anexos fueron segregados a principios del siglo XX.

Más sobre la historia del Cauca en:

Viajes por Colombia 1823 y 1824, capítulo XVII En este capítulo del libro Viajes por Colombia 1823 y 1824,Charles Stuart Cochrane describe las impresiones de su viaje por el departamento del Cauca en la segunda década del siglo XIX.

Estructura de la producción de oro en las minas de la Real Corona: Chisquío (Cauca) en el siglo XVII Artículo de Guido Barona B. sobre la formación de los enclaves mineros en el Cauca, sus aspectos sociales y económicos. Anuario Colombiano de Historia Social y de la Cultura. No.11, 1983.

Haciendas y estructura agraria en el Valle del Cauca, 1810-1850 Artículo de José Escorcia donde estudia la hacienda como una estructura agraria heredada de la colonia. Anuario Colombiano de Historia Social y de la Cultura. No.10, 1982.

Documentos para la historia social de Popayán en el siglo XVIII Artículo de Peter Marzahl donde se describen los aspectos de la vida social y económica de este centro regional de la América española. Anuario Colombiano de Historia Social y de la Cultura. No. 5, 1970.

C.H. Simmonds y los comienzos de la navegación a vapor en el alto Cauca Texto de Germán Patiño sobre el desarrollo de la navegación a vapor el alto Cauca y sus incidencias en la conformación territorial.

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Por: José R. Gamarra Vergara (2007)

El  Cauca es uno de los departamentos con mayor diversidad, historia y riqueza en Colombia. Desde la fundación de Popayán en 1537,  esta región ha jugado un papel importante para el país. En esta ciudad nacieron o se educaron muchos actores importantes de la historia de Colombia y durante muchos años fue epicentro económico y político del país. En la actualidad esta situación ha cambiado y el departamento se mantiene en una situación de rezago. Los problemas actuales del Cauca son diversos y muy complejos. Paradójicamente, muchas veces esos problemas se originan en de una de sus principales riquezas, su diversidad. En este documento se recogen algunos aspectos de esta problemática, tales como, la concentración de tierras, conflictos ambientales por su uso, pobreza y limitantes a la producción agropecuaria.

Consulte el documento AQUÍ

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CAMELANEA ESPELUFICIA

Ramón Dolores Perez (1868-1956)

Como el fasgo cendal de la pandurga
remurmucia la pínola plateca,
asi el chungo del gran Perrontoreca
con su garcha cuesquina sapreturga.

Diquilón, el Sinfurcio, flamenurga
con carrucios de ardor en la testeca
y, en limpornia, simplaque y con merleca,
se amancoplan Segrís y Trampalurga.

La chalema, ni encuerde ni arropija;
la redopsia, ni enchufa ni escoriaza;
y enchimplado en sus trepas la escondrija,
con casconcia ventral que encalambrija
dice a la escartibuncia mermelaza:
¡Qué inocentividad tan cuncunija!

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A continuación transcribo algunos párrafos de Daniel A. Vejarano Varona sobre este poeta y poesía payanesas, publicado en el blog de Mario Pachajoa:

Para analizar el origen mas no el significado de este intrincado poema, es preciso revisar sus antecedentes literarios. A principios del siglo XVII, el poeta cordobés Don Luis de Góngora y Argote, admirado maestro de la lírica castellana y autor de las excelsas creaciones, Fábula de Polifemo y Galatea y Las Soledades, introdujo en la poesía española un típico y excéntrico estilo, colmado de neologismos, metáforas y raras inversiones idiomáticas.

Este novedoso género literario fue cultivado por sus discípulos, dando origen al llamado culteranismo o gongorismo; al cual se opuso el célebre escritor Don Francisco de Quevedo y Villegas, quien no obstante, le replicó al “impávido cisne de Córdoba” con el siguiente satírico poema escrito en el mismo estilo:

De Francisco de Quevedo y Villegas:A Góngora Qué captas nocturnal en tus canciones,/ Góngora socio, con crepusculallas,/ si cuando anhelas más garcivo – lallas/ las reptilizas más y subterpones? Microcosmote Dios de enquiridiones / y quieres te investiguen por medallas/ con priscos, estigmas, o con antigua-llas,/ por desitinerar vates Jirones.

Tu forasteridad es tan eximia/ que te ha de tratar el quete rumia,/ pues ructas vicerable cacoquimia; Farmacopilorando como numia/ si esto’maca abundanciadas tan nimia/ metamorfoseando el arcadumia. Posteriormente, en el siglo XIX, surgió’ entre sus seguidores el popular y humorístico poeta, Don Juan Pérez de Zúñiga, nacido en Madrid (España) en 1860 y quien murió en 1938 en la misma ciudad.

De este singular trovador se recuerda su pintoresca “Serenata” que así comienza:  “Ahora que los ladros perran- ahora que los cantos gallan- ahora que albando la toca- las altas suenas campanan y que los rebuznos burran y que los jorjéos pájaran- y que los sílbidos suenan- y que los gruños marranan- y que la aurorada rosa- los extensos doras campa perlando líquidas viertas- cual yo lágrimas derraman- yo, friando de tirito- vengo a suspirar mis lanzos- ventano de tus debajas.

“El culteranismo trascendió a Perú, con Juan de Espinosa y Medrano y luego apareció en Popayán, con Ramón Dolores Pérez, nacido en 1868 y fallecido en 1956. (13 diciembre).

De este raro y paradójico bardo payanés, son los temas: El Fárfaro Engullido, Sistopirrocorrosis Puliginésica, Fabulilla, Un Osculo Perdido; y además se le ha tenido como el autor del soneto, “Camelánea Espeluficia

Fue reconocida su autoría por Carlos Villafañe (Tic Tac), por el erudito escritor Silvio Villegas, por León de Greiff, y en la obra la Poesía en Popayán del inspirado Maestro, José Ignacio Bustamante, figura Ramón D. como el autor del referido soneto. Igualmente, en la película mexicana “Las Interesadas” fue recitado, como de la inspiración del mencionado poeta payanés. Pero  aquí surge una duda. Al preguntársele alguna vez a Ramón Dolores qué significado tenía la citada composición, respondió:  Cuando fue escrita, sólo lo sabíamos Dios y yo.  Ahora a mí se me ha olvidado y sólo Dios lo sabe. Es decir,  que Ramón Dolores, quien lo declamaba a la perfección, no afirmaba categóricamente ser el autor del aludido soneto.

En la obra “Antología de Poetas y Humanistas Españoles”, páginas 867 y 868, aparecen varias producciones de Don Juan Pérez de Zuñiga, tales como Zuñiganzas, Viajes Morrocotudos, Camalascio Zaragatono, Guasa Viva; como también, figura al pie de la letra e idénticamente, la mencionada poesía: “Camelánea Espeluficia”.

Don Juan Pérez de Zuñiga y Don Ramón Dolores Pérez, español y colombiano respectivamente, fueron contemporáneos, con una diferencia de sólo 8 años de edad.  De tal manera que cabría suponer que alguno de los dos pudo ser el autor de Camelánea Espeluficia. No obstante la anterior dubitación, nada resta para continuar admirando el gran ingenio y la pintor esca, gallarda y quijotesca personalidad de Ramón D., a quien el poeta Bustamante llamó “Hombre faústico, poeta y músico, músico y poeta”, y de quien enfatizó el arte con que hacía volar el arco sobre las cuerdas de su clásico violín (que él valoraba como auténtico, Stradivarius) y el torbellino de notas que de él arrancaba; alborotadas, veloces, estridentes, como en fuga sin compás ni armonía, pero con un sonido emocional y cautivante.El recuerdo de este caballero del verso y la cantiga, de la nocturnal bohemia y de la loca y fugaz fantasía, perdurará por muchos años en los anales líricos del Cauca.

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Consulte AQUÍ esta publicación de un discurso pronunciado por el doctor Baldomero Sanín Cano, en el Paraninfo de la Universidad del Cauca, el día 27 de diciembre de 1940. A continuación reproduzco el texto de María Isabel Vargas Arango, publicado en la biblioteca virtual del Banco de la República, tomado de la Gran Enciclopedia de Colombia del Círculo de Lectores, en el capítulo de Biografías.

Fuente: Banco de la República

Intelectual, educador, ensayista y crítico antioqueño (Rionegro, junio 27 de 1861 – Bogotá, mayo 12 de 1957). Hijo de Baldomero Sanín Vera, Sanín Cano estudió pedagogía y se graduó como maestro de escuela en 1880. Dirigió la escuela de Titiribí, y fue trasladado posteriormente a Medellín, donde dictó un curso de pedagogía en la Escuela Normal de Señoritas. Por su cuenta estudió idiomas, ciencias naturales, matemáticas y gramática. En 1885 viajó a Bogotá, donde entró a trabajar como organizador del catálogo de la biblioteca de Rafael María Merchán, quien era director del periódico La Luz, donde aparecieron sus primeros artículos de prensa sobre literatura y asuntos de relaciones exteriores. Luego pasó a escribir sobre teatro y crítica literaria en el diario La Nación. Conoció a José Asunción Silva en la casa de Antonio José Restrepo, y trabó con el poeta una excelente amistad, llena de admiración hacia su obra. También fue contemporáneo de Julio Flórez, Carlos Arturo Torres y Guillermo Valencia, de quien se dice que recibió una notable influencia de don Baldomero. Sanín Cano fue uno de los introductores del concepto del modernismo en Colombia: Este movimiento tuvo como rasgo histórico el haber carecido en un todo de carácter de reacción [...] Los poetas iniciadores del modernismo, sin estar ellos fatigados de la vida, ni menos del arte, dan idea en sus propósitos y realizaciones de que el mundo a que ellos pertenecían estaba un tanto cansado de los poetas o de la poesía [...] Una transformación era necesaria. En lo exterior de las formas el cambio se hizo visible rápidamente: consistía en introducir en la poesía los modos corrientes del decir, las expresiones y fórmulas usuales en la conversación ordinaria,>, decía. En 1905 Sanín Cano formó parte de la Asamblea Nacional, en calidad de suplente del general Rafael Uribe Uribe, y trabajó en la Subsecretaría de Hacienda, durante el gobierno de Rafael Reyes. En 1909 viajó a Londres, enviado por el gobierno de Reyes; durante su estadía, Reyes fue derrocado y Sanín Cano no tuvo cómo regresar de Europa. En Londres volvió a dar clases, hizo traducciones y asistió diariamente a la biblioteca. Según sus palabras: Lo que sé lo aprendí en esos años. Volvió al periodismo escribiendo para la revista Hispania, de Santiago Pérez Triana, y después para La Nación de Buenos Aires. En 1925 publicó su libro de ensayos La civilización manual; en 1927 regresó a Colombia, donde permaneció hasta 1931. Vivió en España hasta 1933, año en que fue nombrado ministro plenipotenciario de Colombia en Argentina. En 1941, ya de nuevo en Colombia, se desempeñó como rector de la Universidad de Popayán y sus escritos aparecieron con frecuencia en el diario El Tiempo de Bogotá. Sanín Cano murió en 1957, a los 96 años de edad. De él dijo Hernando Téllez: De los hombres del siglo XIX que he conocido, ninguno como Sanín Cano me ha dado una sensación más clara y directa de lo que fue, de lo que representó ese siglo como expresión liberal, generosa y abierta, del pensamiento de la cultura, de la sensibilidad artística [...] Ciertamente a mí me parece, que nada tienen ya que enseñarle los libros y los hombres a quien, como Sanín Cano, ha leído todos los libros y ha conocido todos los hombres [...] Pero a pesar de ello, su capacidad de análisis y su posición ante la vida y el arte, lo Llevan a interesarse en el eterno espectáculo de la criatura humana empeñada ahora, como hace miles de siglos, en hallar una consonancia perfecta entre el mundo de sus sueños y la inequitativa realidad cotidiana [...] En un ámbito intelectual como el nuestro, Sanín Cano parece y es una figura excepcional [...] Los libros, los ensayos de Sanín Cano responden a una sensibilidad y a un criterio universales de las cosas y de los hechos y están iluminados por la gracia esbelta y severa, al mismo tiempo, de una larga, sabia y fructuosa experiencia intelectual. Entre su obra se destacan los libros La civilización manual y otros ensayos (1925), Indagaciones e imágenes (1926), Crítica y arte (1932), Divagaciones filosóficas y otros apólogos literarios (1934), Ensayos (1942), Letras colombianas (1944), De mi vida y otras vidas (1949), El humanismo y el progreso del hombre (1955) y Pesadumbre de la belleza (1957) [Ver tomo 4, Literatura, pp. 166168 y tomo 5, Cultura, pp. 153-154, 171172].

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Escuela de Annales; Fuente: Grand Tour (por Anaclet Pons)

Fundada en 1929 por Marc Bloch y Lucien Febvre, esta publicación del Grupo de los Anales, es una valiosa e innovadora compilación de investigación histórica. Más allá de la disciplina histórica, los Annales juegan un papel importante en el campo de las ciencias sociales y es el lugar privilegiado de un diálogo razonable entre las distintas ciencias del hombre, nuevas áreas de investigación y de historia comparada, la apertura de espacios culturales y de los nombres de prestigio y jóvenes historiadores, que definen el espíritu de los Annales.

Esta publicación resulta de gran importancia al revisar la producción científica reciente en forma de informes (200 por año) y un análisis en profundidad de las obras más significativas en historia e historiografía en el mundo.

Esta revista es la publicación de la historia francesa la más amplia distribución en todo el mundo. Actualmente recibe el nombre de Annales. Histoire, Sciences sociales.

Visite este interesante sitio AQUÍ

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Fuente: Blaa Virtual

Historiografía colombiana – Realidades y perspectivas
Jorge Orlando Melo
© Derechos Reservados de Autor

Los estudios históricos en Colombia:
situación actual y tendencias predominantes

En: Universidad Nacional. Revista de la Dirección de Divulgación Cultural Nº 2. Enero-Marzo 1969. pp 15-41, y reeditado en Sobre historia y política (Medellín, 1979).

La historiografía colombiana comienza con la conquista (1). Entre los acompañantes de los primeros conquistadores hubo siempre soldados o clérigos que se preocuparon por comunicar a la posteridad o a las autoridades españolas contemporáneas los más

importantes y en especial los más gloriosos acontecimientos de las luchas de conquista (2). Las crónicas, elaboradas inicialmente por testigos presenciales, luego por historiadores que apelaron a documentos oficiales, a crónicas anteriores y a los recuerdos de sus más ancianos contemporáneos, constituyeron el núcleo del conocimiento tradicional de la conquista y de las primeras colonias españolas, y han sido justificadamente la base de la labor investigativa de los historiadores posteriores. A estos cronistas de la conquista es preciso añadir los diversos autores que trataron de dejar un relato de la cristianización de las poblaciones indígenas y de la fundación y desarrollo de las órdenes religiosas (3). Aunque la preocupación fundamental de casi todos los cronistas neogranadinos, laicos o religiosos, era de tipo apologético, es sorprendente la amplitud de la mirada con la que trataron de captar la realidad a la que se enfrentaban. Tal vez la misma falta de rigurosa preparación científica y de cristalización de una forma aceptada de escribir historia les permitió interesarse por las costumbres de las sociedades indígenas, la vida cotidiana de las poblaciones coloniales, los actos administrativos vinculados a la vida económica y social, el desarrollo de las primeras instituciones culturales, etc.

Esta primera fase de nuestra historiografía parece detenerse, para las historias generales del Nuevo Reino, a mediados del siglo XVII. Aunque los misioneros continuaron ocupándose en la elaboración de historias misionales, los trabajos sobre los aspectos civiles del virreinato constituyen siempre fuentes primarias en sentido estricto: son relatos de viajeros, informes oficiales, descripciones contemporáneas de conjunto. Sólo después de la guerra de la independencia florecen de nuevo los estudios históricos. Muchos de los participantes en las luchas contra la metrópoli española escribieron sus memorias, algunas de las cuales se extienden hasta los años de la República de la Nueva Granada. Pero como trabajo de orden histórico el más destacado es el de José Manuel Restrepo, Historia de la Revolución en la República de Colombia ( 4). Basándose en sus recuerdos y en el conocimiento personal que tuvo de los principales actores de la guerra de independencia, en una amplia documentación coleccionada gracias a su propio esfuerzo, y en los archivos del gobierno, a los que tuvo un acceso incondicional, Restrepo ofreció un rápido recuento de los principales acontecimientos del Nuevo Reino de Granada durante el siglo XVIII y comienzos del XIX, y una historia bastante detallada del período 1810-1832. El autor, pese a su vinculación directa, práctica, sentimental e ideológica, con los movimientos de independencia y con el gobierno colombiano, al cual sirvió en diversos empleos, trató de mantener una actitud de objetividad que le permitiera «desnudar las relaciones contradictorias de los realistas y de los patriotas de las exageraciones de los partidos contendores en la guerra de la independencia y averiguar la verdad comparando entre sí las diferentes versiones» (5). Esto no impide que Restrepo haya visto su obra como una tarea patriótica, ni que sus juicios, pese a sus reservas y a su indudable espíritu crítico, estuvieran marcados por un vivo entusiasmo por la obra de la revolución. Pero tal entusiasmo era eminentemente «republicano» y de un claro matiz moderado. Aunque consideraba que la ruptura con España era justa e indispensable para el verdadero progreso del país, creía que la república debía organizarse sin trastornar el orden social y dentro de un espíritu de moderación y orden. Las actitudes radicales, las proclamas demagógicas que a veces parecieron incidir sobre el rumbo de las luchas de independencia, los movimientos de las castas dominadas merecían su reprobación, matizada con cierto paternalismo benevolente. Además, las tareas políticas y militares embargaron la atención y la actividad de los líderes nacionales durante los veintes y desde 1810 a 1830 fueron los incidentes de orden militar y las ocasionales crisis políticas las que tuvieron en vilo a los grupos de notables del país. No tiene pues nada de extraño que Restrepo haya dirigido su atención en forma predominante a lo que aparecía como decisivo para sus contemporáneos, y que modificaciones de la vida nacional de importancia fundamental pero menos aparentes hayan recibido solo casual mención en su obra. Pero lo que era inevitable en Restrepo tuvo un efecto menos deseable en los historiadores subsiguientes, que adoptaron la Historia de la Revolución como modelo básico para la escritura de la historia nacional y redujeron la evolución histórica colombiana a la sucesión de luchas militares y de actividades políticas: los problemas del dominio del Estado y las realizaciones gubernamentales coparon la atención de la mayoría de los investigadores posteriores a Restrepo. Igualmente, su obra sirvió para fijar de manera casi inmodificable uno de los centros de atención que han fascinado permanentemente a los historiadores. Aunque su obra era de «historia contemporánea», y fue continuada por una Historia de la Nueva Granada( 6) que continuó el relato hasta 1854, la historiografía nacional abandonó cada vez más la pretensión de tratar los sucesos recientes, de modo que el límite entre los «histórico» y lo «contemporáneo», supuesto terreno de estudio de la sociología o la economía, pero no de la historia, se ha ido alejando progresivamente del presente. Restrepo, al terminar La Historia de la Revolución con los sucesos de 1832, estableció para varias décadas un límite que solamente en raras ocasiones transgredieron los historiadores de oficio, que abandonaron el período posterior a los polemistas políticos y a los escritores de memorias personales (7).

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La Biblioteca Virtual del banco de la República ha puesto a disposición de los estudiantes y lectores de Colombia y el mundo, la extraordinaria publicación, de corte anecdótico, que publicara en 1926 don Gustavo Arboleda Restrepo (1881-1938), uno de los máximos historiadores de finales del siglo XIX y principios del siglo XX en el suroccidente de Colombia.

En este libro usted encontrará amenas narraciones sobre el ambiente intelectual, económico, político y educativo de Popayán y el Cauca en las últimas décadas del siglo XIX, con referencia al Colegio Seminario, la Universidad del Cauca, el colegio de los Hermanos Maristas, las costumbres payanesas, al igual que un nutrido anecdotario político de la región.

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En la revista Credencial Historia Nº 115 de julio de 1999, se hizo una breve semblanza de este historiador caucano, la cual reproduzco a continuación:

Gustavo Arboleda (Popayán 1881-Cali 1938) fue uno de la principales historiadores colombianos del presente siglo. Su vida intelectual se inició cuando, debido a la guerra de los Mil Días, no pudo finalizar los estudios en la Universidad del Cauca, viéndose obligado a formarse como autodidacta en filosofía, historia y derecho.

Sus primeras actividades laborales se orientaron hacia el periodismo, que ejerció no sólo en periódicos regionales y nacionales, sino también de Ecuador, Chile y Brasil, donde desempeñó representaciones consulares de nuestro país. Precisamente el trabajo periodístico lo acercó a la investigación histórica, cuando escribió Apuntes sobre la imprenta y el periodismo en Popayán (Popayán, 1905) y El Periodismo en el Ecuador. Datos para un estudio (Guayaquil, 1908), que constituyeron los primeros esfuerzos por realizar una historia de esta disciplina.

Aunque su actividad periodística fue sin duda sobresaliente, los aportes más importantes a la cultura nacional los hizo Arboleda en sus trabajos de historia, entre los que destacaríamos Revoluciones locales en Colombia (Popayán, 1907), El Brasil a través de su historia (Bogotá, 1914), Evocaciones de antaño. Mis memorias (Cali, 1926), Compendio de la historia de Colombia (Cali, 1935), César Conto: su vida, su memoria (Cali, 1936). Más que trabajos propiamente históricos, los de Arboleda son crónicas de la historia política y social de Cali, del Cauca Grande y de Colombia. Al menos esto es lo que ocurre con su monumental Historia contemporánea de Colombia (6 volúmenes publicados entre 1918 y 1935) y la Historia de Cali (Cali, 1928), obras donde el autor deja que los documentos expongan la sucesión ordenada de los hechos; en ellas priman los acontecimientos, pero también los detalles y las anécdotas que quedaron plasmados en proclamas, en decretos o en la correspondencia personal pública o privada.

Muchas críticas podrían hacérsele a estos trabajos desde el punto de vista de la teoría y la metodología de la historia, pero una mirada objetiva sobre ellos muestra que ante todo corresponden a un tipo de paradigma historiográfico, el positivista, que abordaba el estudio del pasado en forma genética, de tal forma que considera que la historia está constituida por la sucesión ordenada de los acontecimientos que quedaron plasmados en documentos que, a su vez, funcionaban como prueba. Los desarrollos de la moderna historiografía han llevado a superar esos modelos. Sin embargo, los trabajos historiográficos de Arboleda siguen siendo importantes y fundamentales para quienes quieran abordar el estudio de la historia de Colombia, ya que sin su tesonero trabajo no tendríamos el acervo documental para enfrentar la explicación del pasado.

Pero no toda la obra de Arboleda puede ser clasificada de la misma manera. Importantes artículos explicativos elaborados por él se encuentran en una obra de indudable valor, de la cual fue su principal gestor; el Boletín Histórico del Valle. Esta obra muestra que Arboleda no fue un historiador aislado, sino que a su alrededor giró, a comienzos del presente siglo, un importante movimiento intelectual que se dedicó a explicar el pasado y que permitió consolidar la Academia Vallecaucana de Historia, cuyos miembros abrieron el camino para el desarrollo de la historiografía regional.

Arboleda fue además un importante genealogista, como lo muestran sus obras Diccionario biográfico del Ecuador (Quito, 1911) y el Diccionario biográfico y genealógico del antiguo departamento del Cauca (Bogotá, 1962); esta última es sin duda una de las más importantes obras historiográficas del país, y al contrario de otras obras similares escritas para otras regiones, ella se compone de pequeñas historias que muestran la actividad que desarrollaron los hombres que, de una u otra manera, se comprometieron con la creación de la sociedad, la economía y el Estado regionales. Desde luego, Arboleda no sólo rastrea los personajes que hicieron del Cauca la región más importante del siglo XIX colombiano; también rastrea sus ascendientes y nos ofrece una abundante información sobre las biografías de los más importantes hombres de la colonia. Sobra decir que, sin este trabajo, y debido a las vicisitudes que han sufrido los archivos, hoy sería prácticamente imposible reconstruir las actividades de los más importantes personajes del suroccidente colombiano.

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Excelente promoción para la lectura, en tiempos en que los medios electrónicos parecen desplazar los dispositivos tradicionales para la transmisión del conocimiento, especialmente en las nuevas generaciones.

Recuerde las horas amables que usted ha pasado en compañía de hermosos libros, las ocasiones en que ha acariciado sus páginas, notando cada detalle que lo hace especial: su tipo y tamaño de letra, su forma y peso, la presencia o ausencia de ilustraciones y fotografías, su olor y color, las inscripciones y el material de su frontispicio, siempre dispuestos a entregarnos su saber.

Mejor dicho, no pierda más tiempo: vaya a su biblioteca y desempolve aquel librito que no ha tenido tiempo para leer ¡hínquele el diente!

Consulte más información en www.leerestademoda.com

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