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Posts etiquetados ‘Historia de Colombia’

Fuente: Ministerio de Cultura

El Ministerio de Cultura, como parte del programa ‘Memoria Literaria Nacional’ del Grupo de Literatura de la Dirección de Artes, conmemora en 2011 el Año Rufino José Cuervo, dedicado al centenario del fallecimiento de este gran escritor y filólogo bogotano.

Así lo determina la Resolución No. 0096 del 28 de enero de 2011, por medio de la cual el Ministerio de Cultura declara el 2011 como Año de Rufino José Cuervo, para honrar su memoria, promover su obra y fomentar la divulgación de su vida, como ejemplo para las nuevas generaciones de colombianos.

Elvira Cuervo de Jaramillo, gestora de esta gran iniciativa que apoya el Ministerio de Cultura, aseguró que “es muy importante llegar a las nuevas generaciones destacando la figura de Rufino José Cuervo, quien dedicó su vida a estudiar, a modernizar y a volver contemporáneo la lengua de Castilla. No solo en Colombia, sino además en todo el mundo hispanoparlante se debe reconocer a Cuervo como el artífice del buen español que nos une a todos”.

Las actividades del ‘Año de Cuervo’ que comenzarán oficialmente con la programación del II Festival de la Palabra y finalizarán en 2012, incluyen la publicación de un libro que escribirá Fernando Vallejo sobre Rufino José Cuervo, el cual se imprimirá en una edición restringida en la Imprenta Patriótica del Instituto Caro y Cuervo (ICC) y en una edición amplia con editoriales mexicanas. Su lanzamiento se hará en el primer semestre de 2012, para conmemorar, además, los setenta años de fundación del Instituto Caro y Cuervo (1942-1912).

Sobre Fernando Vallejo, la Exministra Cuervo de Jaramillo aseguró que es uno de los más grandes admiradores de la obra de Cuervo y que en una oportunidad afirmó: “Fue el hombre más bueno que ha tenido Colombia y por eso lo llamó San Rufino José”.

Por otra parte, a través de su página web http://www.caroycuervo.gov.co y de la página digital ‘Lenguas de Colombia’, el ICC propondrá un “juego lingüístico”, al que podrán acceder estudiantes de colegio y personas interesadas en la comprensión y utilización del Diccionario de Construcción y Régimen de la Lengua Española, obra que inició Cuervo en el siglo pasado y que terminó el ICC en 1994.

De igual manera, se están adelantando los trámites con el Banco de la República para expedir un billete con la efigie de Cuervo. Detrás de esta labor está el expresidente Belisario Betancur, miembro del Consejo Directivo del ICC.

Cabe destacar que bajo la coordinación académica del ICC, el Programa Nacional de Estímulos del Ministerio de Cultura abrió este año una beca de investigación en revisión editorial y crítica de la memoria bibliográfica de Cuervo. El propósito de la investigación editorial objeto de la beca es compendiar el pensamiento científico, literario, político y humanista del filólogo con base en la obra publicada por el ICC, en un volumen que se publicará a principios del año entrante.

“El ICC pretende, a través de esta beca, hacerle un homenaje a su mentor. Se espera que en un nuevo volumen, fruto de este trabajo editorial, se compilen algunas de sus producciones y se ofrezca un aporte innovador y significativo tanto de la obra como de su autor”, afirmó Genoveva Iriarte, Directora del ICC.

El Ministerio de Cultura inició el Programa Memoria Literaria Nacional en el 2008 con el ‘Año Tomás Carrasquilla’. En 2009 conmemoró el ‘Año Obeso–Artel’, dedicado a los dos representantes más destacados de la poesía afrocolombiana: Candelario Obeso y Jorge Artel. En 2010 destacó la figura de Eduardo Caballero Calderón, en el marco del centenario de su natalicio.

Visite el sitio en: http://www.mincultura.gov.co/cuervo/

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La presente entrada se publica a propósito del aniversario del natalicio de Francisco José de Caldas, el 4 de octubre de 1768.

Los siguientes párrafos son retomados de un artículo de Rafael Antonio Álvarez Salcedo, publicado en la página Web Una Colombia Objetiva Siglo XXI como la VIII y última entrega de varios artículos cortos sobre este personaje. En él se mencionan algunas de las representaciones de Francisco José de Caldas en la memoria nacional. Usted puede ver el artículo en su página original AQUÍ. Sin embargo las imágenes de billetes y estampillas han sido complementadas y mejoradas, pero poco a poco se colgarán más imágenes y representaciones de este hijo de Popayán.

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Fue desagraviado por España cuando en 1925, en el vestíbulo del palacio de bibliotecas y museos de Madrid, el rey Alfonso XIII, con gran solemnidad, descubrió una lápida conmemorativa que ostenta esta significativa inscripción: “Perpetuo desagravio de la madre España a la memoria del inmortal neogranadino Francisco José de Caldas”.

El humanista español Marcelino Menéndez Pelayo le llama: “víctima nunca bastante deplorada de la ignorante ferocidad de un soldado, a quien en mala hora confió España la delicada empresa de la pacificación de sus colonias”.

En su honor un Departamento de Colombia lleva su nombre: Caldas.

Fue exaltado por el senador Laureano Gómez en 1934, sesiones del 12 al 17 de Septiembre, con motivo del debate contra el Presidente Olaya Herrera y su gobierno por haber entregado la soberanía Colombiana al Perú en el conflicto de 1932 cuando dijo: “Yo sé muy bien lo que es el país; desde hace mucho tiempo leí una de las obras del sabio Caldas, nuestro gran sabio Caldas, señor senador Turbay, (Gabriel Turbay), en la que se habla de la necesidad que tenía el Virreinato de la Nueva Granada de tener acceso al Amazonas, ese mare nostrum que el llamara en una memoria de admirable actualidad. El mismo granadino insigne habla en carta dirigida al sabio Mutis de las expediciones peruanas que venían a meter la hoz en mies ajena, violando así los linderos del Virreinato”. Y termina Gómez su intervención así: “Fundámonos todos en un frente patriótico para sostener nuestro derecho en el mare nostrum que dijera Caldas”.

Su efigie ha adornado billetes y una emisión de estampillas:

En Bogotá se encuentra la Universidad Distrital “Francisco José de Caldas”.

En el Planetario Distrital de Bogotá se yergue un busto de Francisco José de Caldas (ya no está allí).

La Plaza de las Nieves se adorna con una hermosa estatua de Caldas.

En la sede de la Sociedad de Ingenieros de Bogotá hay un óleo de Caldas distinto a como lo han representado los pintores de la época.

En Bogotá la Casa Museo Caldas se conserva como patrimonio Nacional por el arma de Ingenieros y está abierta al público. Carrera 8ª. No. 6-87.

En el año de 1968 mediante el Decreto Número 2869 del 20 de Noviembre, el gobierno nacional crea el CONSEJO NACIONAL DE CIENCIAS Y TECNOLOGIA Y EL FONDO DE INVESTIGACIONES CIENTIFICAS Y PROYECTOS ESPECIALES “FRANCISCO JOSE DE CALDAS”. Hoy COLCIENCIAS.

En Bucaramanga está el Colegio Sabio Caldas de primaria y el Instituto Caldas, de secundaria.

Entre nosotros está el Batallón de Ingenieros Militares No. 5 Francisco José de Caldas.

El área Metropolitana cuenta con el barrio “Caldas”.

También en Bucaramanga, hacia 1983 se fundó con el concurso de la entonces Universidad Cooperativa Indesco, hoy UCC, el Batallón de Ingenieros Caldas, los escritores Roberto García Peña, Alejandro Galvis Galvis, Rafael Ortiz González y Hugo Mantilla el “Centro de Periodismo Científico” que otorgó mención de Honor a Francisco José de Caldas y a Eloy Valenzuela Mantilla.

En Popayán existe el Parque Caldas.

La RAC, Red de Astronomía Colombia, propuso ante la UIA (Unión Astronómica Internacional) el nombre de Francisco José de Caldas para que con él fuera bautizado un cráter de la Luna. Descartaron su nombre ya que para ese tipo de nomenclatura no se tienen en cuenta los nombres de personas, que entre otras, tengan o hayan tenido la profesión de militares.

Y hay más que se escapan pero con el concurso de los lectores las estaremos actualizando.

Hasta aquí esta corta pero descriptiva biografía del precursor de la investigación científica en la América colonial independentista.

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Algunas otras muestras de la persistencia de Caldas en la memoria nacional son:

La Casa Caldas en Popayán

Fotografía: Andrés José Vivas Segura

El Parque Caldas

Estatua ubicada en el centro del "Parque Caldas", en Popayán. Foto: Andrés Vivas

<i>Bomarea caldasii</i>, en el costado norte de su estatua. Foto: Andrés Vivas

Hipsómetro y octante de Caldas, en el costado sur de su estatua. Foto: Andrés Vivas

Lápida en honor a Caldas, en el edificio del Panteón de los Próceres en Popayán. Foto: Andrés Vivas

 

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Por: Francesco Tamburini
Universidad de Pisa
Revista de Indias, Vol 60, No 220 (2000)

En febrero de 1885, el Estado federal colombiano del Cauca, durante la guerra civil entre el insurgido partido liberal y el conservador, las propiedades del ciudadano italiano Ernesto Cerruti fueron destruidas y secuestradas con la acusación de cooperación con las fuerzas liberales. Las medidas de las autoridades caucanas y la consiguiente reclamación de Cerruti por la indemnización fueron la causa de los veintiseis años de crisis diplomática entre Colombia e Italia que llevó a la intervención de España y Estados Unidos como mediadores, la publicación de miríadas de documentos oficiales, juicios en los tribunales italianos y envíos de cruceros en los puertos colombianos. Sin suda alguna el «caso Cerruti» fue uno de los casos de derecho internacional privado más complicados con que Italia tuvo que gestear llevando el gobierno italiano también a enfrentarse con el emergente imperialismo norteamericano.

Lea este artículo AQUÍ

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Entre las publicaciones de Frank Safford están El ideal de lo práctico: el desafío de formar una élite técnica y empresarial en Colombia (1976) y Colombia, país fragmentado, sociedad dividida (2002), con Marco Palacios. – Víctor Manuel Holguín / Unimedios

Por: Guillermo Parada, Unimedios

Frank Safford, profesor de la Universidad de Northwestern, experto en historia económica y política de Colombia en el siglo XIX, recibió el pasado mes de agosto el Doctorado Honoris Causa que le otorgó la Universidad Nacional de Colombia por su excepcional aporte a la memoria histórica del país. En entrevista con UN Periódico habla sobre la coyuntura política de América Latina.

UN Periódico: ¿Cómo empezó su recorrido para convertirse en uno de los grandes colombianistas?

Frank Safford: Mi carrera es accidental. Vine por primera vez a Colombia buscando un tema para mi tesis de PhD. Leí el libro de Luis Eduardo Nieto, Economía y cultura en la historia de Colombia, en donde dice que se pueden comprender las diferencias entre los partidos tradicionales colombianos a partir de sus intereses económicos. Aunque rápidamente encontré que Nieto estaba equivocado, hice investigaciones sobre empresas en la región de Bogotá y sobre el comercio. Ante esto, decidí escribir sobre historia empresarial. Terminé mi tesis en 1965 y en el mismo año regresé a la capital para hacer más investigaciones.

Trabajé en el archivo de la Academia Colombiana de Historia porque tenía los documentos del general Herrán, quien había invertido en una fábrica en Bogotá entre 1830 y 1840. Aunque no encontré temas interesantes, hallé un paquete de cartas del militar y otras personas que habían enviado a sus hijos a estudiar bajo su cuidado, en Estados Unidos. En las cartas se referían al tipo de educación que querían para los jóvenes. Decían: “A mí no me importa si mi hijo saca un grado, hay que meterlo en una fábrica para que aprenda cosas prácticas”. Esta clase de sentimientos solo están escritos, pues no es la percepción que se tiene sobre la clase alta de América Latina en el siglo XIX.

Por esa sorpresa abandoné la idea de un libro sobre la vida empresarial y empecé a escribir artículos sobre aquellos jóvenes en Nueva York. Esta investigación, por la que me concedieron el título Honoris Causa, se convirtió en libro El ideal de lo práctico, estudio histórico sobre el desarrollo de la educación en ciencias naturales y en ingeniería en el siglo XIX en Colombia.

UNP: ¿Cómo se siente ante la entrega de este reconocimiento?

F.S.: Estoy agradecido por el grado Honoris Causa. El decano Diego Hernández es muy enérgico y es consciente de que los ingenieros y profesionales de las ciencias naturales en Colombia tienen que internacionalizarse y relacionarse con centros importantes en tecnología. Él ha enfatizado en la necesidad de enviar profesores a países en Europa o Estados Unidos y tiene programas de intercambio con otras universidades en el extranjero.

UNP: ¿Piensa que usted se ha convertido en un personaje muy importante para Colombia gracias al mencionado libro?

F.S.: En realidad todo esto me sorprende. Cuando lo publiqué, un amigo colombiano me preguntó: ¿Por qué le dio por escribir sobre un tema tan raro? No esperaba que fuera gran cosa, lo escribí porque me interesaba el tema.

UNP: Usted pensó en hacer un libro y su tesis de grado en Argentina, pero acabó en Colombia. ¿Cómo percibe su interés en Latinoamérica?

F.S.: Casi nunca he dictado una clase sobre la historia de Colombia, quizá no habría sido de mucho interés entre los estudiantes. Siempre enseñaba cursos sobre América Latina en general y en algunas clases incluía a esta nación. Me considero no solo historiador de este país sino de América Latina.

UNP: ¿Cómo ve a América Latina hoy?

F.S.: Cuando Ronald Reagan –que yo considero más o menos un idiota– hizo una visita a tres países de Latinoamérica, dijo con gran sorpresa que todos son muy diferentes. Cuando vine con mi esposa a Colombia por primera vez, lo hicimos en autobús. Primero habíamos visitado Ciudad Juárez y Costa Rica, y encontramos que los cinco países pequeños de América Central son muy distintos cultural y políticamente. Pero así como Brasil es un megapoder económico, otros tienen muchas dificultades.

UNP: Pero un presidente de los Estados Unidos, John Fitzgerald Kennedy, de alguna manera estaba pensando lo contrario y planteó indistintamente la Alianza para el Progreso.

F.S.: Nosotros estuvimos aquí cuando llegaron los primeros voluntarios de paz y cuando Kennedy y Jacqueline vinieron a Bogotá en 1961. No estoy seguro de que él pensara que todos los países eran iguales. Aunque es posible que tuviera esta percepción porque en los Estados Unidos existe poco conocimiento sobre América Latina.

UNP: ¿Qué mirada tiene de Colombia y su incapacidad para lograr la paz?

F.S.: Es un problema muy difícil. Uribe hizo mucho para llevar a la guerrilla hacia las márgenes del país y despertó el afecto entre la población de las cuatro grandes ciudades de Colombia, según las encuestas en Bogotá, Cali, Medellín y Barranquilla. Pero nunca hacen encuestas a los campesinos, entonces no sabemos qué piensan. Uribe contó con un importante apoyo político durante su presidencia con el 70% y 80% de las personas encuestadas, pero él tenía otra cara. A mí no me gustaba la idea de una segunda presidencia contra las reglas de la Constitución, eso fue un gran error. Los únicos que lo apoyaron fueron los que trabajaron en su gobierno. Además, se dieron aspectos negativos que ahora están saliendo a la luz.

UNP: ¿Cómo podríamos analizar a una América Latina que ya no se siente el patio trasero de los Estados Unidos?

F.S.: Eso es saludable. No es bueno concebirse como una región dependiente de los Estados Unidos. Los países que están en el circuncaribe, como México, Colombia y Venezuela, son muy dependientes de Norteamérica porque tienen una economía pequeña y la mayoría de su comercio se produce con ese país. En cambio Brasil, Chile, Argentina o Perú tienen un comercio diversificado con Estados Unidos, Europa y Asia. De esta forma no son tan dependientes y pueden desafiar a los EE. UU.

UNP: Pasando al tema de la droga, ¿será que tendremos que legalizarla algún día?

F.S.: En esto voy a citar a mi señora, quien fue fiscal en los EE. UU. Ella piensa que se podría legalizar la marihuana, porque no tiene efectos tan negativos. También, legalizar la heroína porque no crea agresividad. Pero el consumo de cocaína puede ser demasiado peligroso porque sí genera agresividad y problemas psicológicos.

Edición: UN Periodico Impreso No. 148

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La Biblioteca Virtual Luis Ángel Arango, del Banco de la República, pone a disposición del público, una gran cantidad de información sobre los departamentos de Colombia, como ayuda para las tareas de la población estudiantil del país. Entre los departamentos figuran varios documentos y datos sobre el Cauca, en varios temas como historia, geografía, antropología, arqueología, entre otros.

Consulte este sitio AQUÍ

A continuación lea algunos apartes relacionados con la historia del Cauca:

El departamento estaba poblado por indígenas de las tribus guanacas, pijaos, pances, calotos, guaambianos y otras más, algunas de ellas han logrado sobrevivir y se organizan actualmente en resguardos indígenas.

El primer conquistador en llegar al territorio fue Sebastián de Belarcázar, en los siguientes textos puede leer el proceso de conquista de la región:

Belalcázar descubre a Popayán y funda las villas de Cali y Timaná, y prosigue en su descubrimiento En este capítulo del libro: Historia general de las conquistas del Nuevo Reino de Granada, Lucas Fernández de Piedrahita describe como fue la conquista, por parte de Sebastián de Belarcázar, de Popayán y Cali, y los conflictos con Lorenzo de Aldana.

Primera protesta: Popayán Este documento que se presenta en el libro: Lecturas de Historia Colonial II. Las leyes nuevas y su promulgación en la Nueva Granada (1542-1550), es un acta de la sesión celebrada por el cabildo de Popayán para suplicar sobre las nuevas leyes y ordenanzas recibidas, 16 de agosto de 1544.

Compendio histórico del descubrimiento y colonización de la Nueva Granada Gobierno de Lorenzo de Aldana en el sur. Vuelve al sur y funda la ciudad de Cartago, en la provincia de Quimbaya. Llega Andagoya de España á Cali por el Dagua, y es recibido como Gobernador. Sale de nuevo Robledo de Anserma al norte y descubre el valle de Aburrá, hoy Medellín. Atraviesa el Cauca, y en la provincia de Hebejico funda en 1541 la ciudad de Antioquia.

En 1540 se crea la provincia de Popayán, la cual incluía a Nariño, Belalcázar fue nombrado gobernador vitalicio de esta provincia, en 1541 los dominios fueron ampliados a la mayor parte del territorio colombiano (excepto el norte y nororiente). Durante la primera mitad del siglo XIX Popayán continuó siendo un importante centro político y comercial.

En 1919 la provincia hizo parte del departamento de Cundinamarca, en 1821 convertido en departamento del Cauca, entre 1831 y 1857 nuevamente fue la provincia de Popayán. En 1857 adquirió el rango de estado federal del Cauca, con poder sobre Pasto, Cauca, Chocó, Buenaventura y Caquetá. En 1886 fue elevado a departamento y se ratificó en 1910, los territorios anexos fueron segregados a principios del siglo XX.

Más sobre la historia del Cauca en:

Viajes por Colombia 1823 y 1824, capítulo XVII En este capítulo del libro Viajes por Colombia 1823 y 1824,Charles Stuart Cochrane describe las impresiones de su viaje por el departamento del Cauca en la segunda década del siglo XIX.

Estructura de la producción de oro en las minas de la Real Corona: Chisquío (Cauca) en el siglo XVII Artículo de Guido Barona B. sobre la formación de los enclaves mineros en el Cauca, sus aspectos sociales y económicos. Anuario Colombiano de Historia Social y de la Cultura. No.11, 1983.

Haciendas y estructura agraria en el Valle del Cauca, 1810-1850 Artículo de José Escorcia donde estudia la hacienda como una estructura agraria heredada de la colonia. Anuario Colombiano de Historia Social y de la Cultura. No.10, 1982.

Documentos para la historia social de Popayán en el siglo XVIII Artículo de Peter Marzahl donde se describen los aspectos de la vida social y económica de este centro regional de la América española. Anuario Colombiano de Historia Social y de la Cultura. No. 5, 1970.

C.H. Simmonds y los comienzos de la navegación a vapor en el alto Cauca Texto de Germán Patiño sobre el desarrollo de la navegación a vapor el alto Cauca y sus incidencias en la conformación territorial.

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Consulte AQUÍ esta publicación de un discurso pronunciado por el doctor Baldomero Sanín Cano, en el Paraninfo de la Universidad del Cauca, el día 27 de diciembre de 1940. A continuación reproduzco el texto de María Isabel Vargas Arango, publicado en la biblioteca virtual del Banco de la República, tomado de la Gran Enciclopedia de Colombia del Círculo de Lectores, en el capítulo de Biografías.

Fuente: Banco de la República

Intelectual, educador, ensayista y crítico antioqueño (Rionegro, junio 27 de 1861 – Bogotá, mayo 12 de 1957). Hijo de Baldomero Sanín Vera, Sanín Cano estudió pedagogía y se graduó como maestro de escuela en 1880. Dirigió la escuela de Titiribí, y fue trasladado posteriormente a Medellín, donde dictó un curso de pedagogía en la Escuela Normal de Señoritas. Por su cuenta estudió idiomas, ciencias naturales, matemáticas y gramática. En 1885 viajó a Bogotá, donde entró a trabajar como organizador del catálogo de la biblioteca de Rafael María Merchán, quien era director del periódico La Luz, donde aparecieron sus primeros artículos de prensa sobre literatura y asuntos de relaciones exteriores. Luego pasó a escribir sobre teatro y crítica literaria en el diario La Nación. Conoció a José Asunción Silva en la casa de Antonio José Restrepo, y trabó con el poeta una excelente amistad, llena de admiración hacia su obra. También fue contemporáneo de Julio Flórez, Carlos Arturo Torres y Guillermo Valencia, de quien se dice que recibió una notable influencia de don Baldomero. Sanín Cano fue uno de los introductores del concepto del modernismo en Colombia: Este movimiento tuvo como rasgo histórico el haber carecido en un todo de carácter de reacción [...] Los poetas iniciadores del modernismo, sin estar ellos fatigados de la vida, ni menos del arte, dan idea en sus propósitos y realizaciones de que el mundo a que ellos pertenecían estaba un tanto cansado de los poetas o de la poesía [...] Una transformación era necesaria. En lo exterior de las formas el cambio se hizo visible rápidamente: consistía en introducir en la poesía los modos corrientes del decir, las expresiones y fórmulas usuales en la conversación ordinaria,>, decía. En 1905 Sanín Cano formó parte de la Asamblea Nacional, en calidad de suplente del general Rafael Uribe Uribe, y trabajó en la Subsecretaría de Hacienda, durante el gobierno de Rafael Reyes. En 1909 viajó a Londres, enviado por el gobierno de Reyes; durante su estadía, Reyes fue derrocado y Sanín Cano no tuvo cómo regresar de Europa. En Londres volvió a dar clases, hizo traducciones y asistió diariamente a la biblioteca. Según sus palabras: Lo que sé lo aprendí en esos años. Volvió al periodismo escribiendo para la revista Hispania, de Santiago Pérez Triana, y después para La Nación de Buenos Aires. En 1925 publicó su libro de ensayos La civilización manual; en 1927 regresó a Colombia, donde permaneció hasta 1931. Vivió en España hasta 1933, año en que fue nombrado ministro plenipotenciario de Colombia en Argentina. En 1941, ya de nuevo en Colombia, se desempeñó como rector de la Universidad de Popayán y sus escritos aparecieron con frecuencia en el diario El Tiempo de Bogotá. Sanín Cano murió en 1957, a los 96 años de edad. De él dijo Hernando Téllez: De los hombres del siglo XIX que he conocido, ninguno como Sanín Cano me ha dado una sensación más clara y directa de lo que fue, de lo que representó ese siglo como expresión liberal, generosa y abierta, del pensamiento de la cultura, de la sensibilidad artística [...] Ciertamente a mí me parece, que nada tienen ya que enseñarle los libros y los hombres a quien, como Sanín Cano, ha leído todos los libros y ha conocido todos los hombres [...] Pero a pesar de ello, su capacidad de análisis y su posición ante la vida y el arte, lo Llevan a interesarse en el eterno espectáculo de la criatura humana empeñada ahora, como hace miles de siglos, en hallar una consonancia perfecta entre el mundo de sus sueños y la inequitativa realidad cotidiana [...] En un ámbito intelectual como el nuestro, Sanín Cano parece y es una figura excepcional [...] Los libros, los ensayos de Sanín Cano responden a una sensibilidad y a un criterio universales de las cosas y de los hechos y están iluminados por la gracia esbelta y severa, al mismo tiempo, de una larga, sabia y fructuosa experiencia intelectual. Entre su obra se destacan los libros La civilización manual y otros ensayos (1925), Indagaciones e imágenes (1926), Crítica y arte (1932), Divagaciones filosóficas y otros apólogos literarios (1934), Ensayos (1942), Letras colombianas (1944), De mi vida y otras vidas (1949), El humanismo y el progreso del hombre (1955) y Pesadumbre de la belleza (1957) [Ver tomo 4, Literatura, pp. 166168 y tomo 5, Cultura, pp. 153-154, 171172].

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Este blog presenta una gran cantidad de información sobre cada una de las actividades que se celebran en el Cauca con ocasión del bicentenario de la independencia, y el papel de los caucanos en este capítulo fundacional de la República de Colombia

Le invito a consultarlo dando clic AQUÍ

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Fuente: Blaa Virtual

Historiografía colombiana – Realidades y perspectivas
Jorge Orlando Melo
© Derechos Reservados de Autor

Los estudios históricos en Colombia:
situación actual y tendencias predominantes

En: Universidad Nacional. Revista de la Dirección de Divulgación Cultural Nº 2. Enero-Marzo 1969. pp 15-41, y reeditado en Sobre historia y política (Medellín, 1979).

La historiografía colombiana comienza con la conquista (1). Entre los acompañantes de los primeros conquistadores hubo siempre soldados o clérigos que se preocuparon por comunicar a la posteridad o a las autoridades españolas contemporáneas los más

importantes y en especial los más gloriosos acontecimientos de las luchas de conquista (2). Las crónicas, elaboradas inicialmente por testigos presenciales, luego por historiadores que apelaron a documentos oficiales, a crónicas anteriores y a los recuerdos de sus más ancianos contemporáneos, constituyeron el núcleo del conocimiento tradicional de la conquista y de las primeras colonias españolas, y han sido justificadamente la base de la labor investigativa de los historiadores posteriores. A estos cronistas de la conquista es preciso añadir los diversos autores que trataron de dejar un relato de la cristianización de las poblaciones indígenas y de la fundación y desarrollo de las órdenes religiosas (3). Aunque la preocupación fundamental de casi todos los cronistas neogranadinos, laicos o religiosos, era de tipo apologético, es sorprendente la amplitud de la mirada con la que trataron de captar la realidad a la que se enfrentaban. Tal vez la misma falta de rigurosa preparación científica y de cristalización de una forma aceptada de escribir historia les permitió interesarse por las costumbres de las sociedades indígenas, la vida cotidiana de las poblaciones coloniales, los actos administrativos vinculados a la vida económica y social, el desarrollo de las primeras instituciones culturales, etc.

Esta primera fase de nuestra historiografía parece detenerse, para las historias generales del Nuevo Reino, a mediados del siglo XVII. Aunque los misioneros continuaron ocupándose en la elaboración de historias misionales, los trabajos sobre los aspectos civiles del virreinato constituyen siempre fuentes primarias en sentido estricto: son relatos de viajeros, informes oficiales, descripciones contemporáneas de conjunto. Sólo después de la guerra de la independencia florecen de nuevo los estudios históricos. Muchos de los participantes en las luchas contra la metrópoli española escribieron sus memorias, algunas de las cuales se extienden hasta los años de la República de la Nueva Granada. Pero como trabajo de orden histórico el más destacado es el de José Manuel Restrepo, Historia de la Revolución en la República de Colombia ( 4). Basándose en sus recuerdos y en el conocimiento personal que tuvo de los principales actores de la guerra de independencia, en una amplia documentación coleccionada gracias a su propio esfuerzo, y en los archivos del gobierno, a los que tuvo un acceso incondicional, Restrepo ofreció un rápido recuento de los principales acontecimientos del Nuevo Reino de Granada durante el siglo XVIII y comienzos del XIX, y una historia bastante detallada del período 1810-1832. El autor, pese a su vinculación directa, práctica, sentimental e ideológica, con los movimientos de independencia y con el gobierno colombiano, al cual sirvió en diversos empleos, trató de mantener una actitud de objetividad que le permitiera «desnudar las relaciones contradictorias de los realistas y de los patriotas de las exageraciones de los partidos contendores en la guerra de la independencia y averiguar la verdad comparando entre sí las diferentes versiones» (5). Esto no impide que Restrepo haya visto su obra como una tarea patriótica, ni que sus juicios, pese a sus reservas y a su indudable espíritu crítico, estuvieran marcados por un vivo entusiasmo por la obra de la revolución. Pero tal entusiasmo era eminentemente «republicano» y de un claro matiz moderado. Aunque consideraba que la ruptura con España era justa e indispensable para el verdadero progreso del país, creía que la república debía organizarse sin trastornar el orden social y dentro de un espíritu de moderación y orden. Las actitudes radicales, las proclamas demagógicas que a veces parecieron incidir sobre el rumbo de las luchas de independencia, los movimientos de las castas dominadas merecían su reprobación, matizada con cierto paternalismo benevolente. Además, las tareas políticas y militares embargaron la atención y la actividad de los líderes nacionales durante los veintes y desde 1810 a 1830 fueron los incidentes de orden militar y las ocasionales crisis políticas las que tuvieron en vilo a los grupos de notables del país. No tiene pues nada de extraño que Restrepo haya dirigido su atención en forma predominante a lo que aparecía como decisivo para sus contemporáneos, y que modificaciones de la vida nacional de importancia fundamental pero menos aparentes hayan recibido solo casual mención en su obra. Pero lo que era inevitable en Restrepo tuvo un efecto menos deseable en los historiadores subsiguientes, que adoptaron la Historia de la Revolución como modelo básico para la escritura de la historia nacional y redujeron la evolución histórica colombiana a la sucesión de luchas militares y de actividades políticas: los problemas del dominio del Estado y las realizaciones gubernamentales coparon la atención de la mayoría de los investigadores posteriores a Restrepo. Igualmente, su obra sirvió para fijar de manera casi inmodificable uno de los centros de atención que han fascinado permanentemente a los historiadores. Aunque su obra era de «historia contemporánea», y fue continuada por una Historia de la Nueva Granada( 6) que continuó el relato hasta 1854, la historiografía nacional abandonó cada vez más la pretensión de tratar los sucesos recientes, de modo que el límite entre los «histórico» y lo «contemporáneo», supuesto terreno de estudio de la sociología o la economía, pero no de la historia, se ha ido alejando progresivamente del presente. Restrepo, al terminar La Historia de la Revolución con los sucesos de 1832, estableció para varias décadas un límite que solamente en raras ocasiones transgredieron los historiadores de oficio, que abandonaron el período posterior a los polemistas políticos y a los escritores de memorias personales (7).

Lea el documento completo AQUÍ

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Por: Andrés J. Vivas Segura
ajvivass@yahoo.com
8 de marzo de 2011

En 1879 nace Guillermo Diomedes Gómez Guzmán en la población de Almaguer (Cauca), en el macizo colombiano, en el seno de una tradicional familia de la región; algunos años más tarde fue enviado al Colegio Seminario de Popayán para completar sus estudios y proseguir la carrera eclesiástica. En 1904 es ordenado sacerdote en la Congregación de la Misión, y es enviado a ejercer su ministerio en las vecinas poblaciones de El Rosal, la Cruz, y en su pueblo natal. Hacia 1910 regresa a Popayán como profesor del Seminario, en un momento en que la política departamental decaía como consecuencia de la guerra de los Mil Días, y la fragmentación del departamento en varias entidades territoriales autónomas como, con la consiguiente pérdida de hegemonía de las élites payanesas en el ámbito geográfico regional del extinto Cauca Grande. Luego pasó como profesor de la Universidad del Cauca en materias de ciencias exactas y naturales.

Lecciones de geología 1De su paso por las aulas, el padre Gómez dejó como vestigios una colección de cuadernos manuscritos donde recopiló anotaciones para dictar sus cátedras, y comprenden áreas como la botánica –en que fue más extenso-, zoología, anatomía, evolución, astronomía, etología, psicología, derecho canónico, entre otros, además de una amplia obra genealógica, que ocuparía sus últimos años. Gómez fue profesor hasta 1942, cuando fue relevado del cargo ante las nuevas corrientes pedagógicas y la modernización del aparato educativo nacional y regional. Sus íconos botánicos comprenden una colección de sesenta ilustraciones botánicas, en lápiz y acuarela, sobre las especies de plantas -naturales y cultivadas- de Popayán y municipios aledaños, en un gran proyecto de botánica económica denominado por el padre Gómez como Flora Caucana, en cuyo marco elaboró las que quizás sean los primeros inventarios botánicos de la región.

Lecciones de Geología 2Uno de sus manuscritos lleva el título de Geología en el que buscó -como exponente del tradicionalismo caucano- la armonización entre ciencia y religión como formas de conocimiento no contrapuestas, en el marco del neotomismo católico, que pretendía demostrar –como señala Óscar Saldarriaga- el carácter religioso de la ciencia, tanto  como el carácter científico de la religión, como una de las formas en que la Iglesia se actualizó epistemológicamente en las ciencias positivas y experimentales. Según su amigo, el geólogo Enrique Hubach, el cuaderno del padre Gómez sobre geología “ha de servir de base en la composición de un texto para la enseñanza de eta asignatura en armonía con la religión”, pues  “viene a hacer de la geología un respaldo firme de la religión y de la conservación de la moral y la felicidad terrena” (Arboleda 1951: 47).

Lecciones de Geología 3De este manuscrito se destaca su hipótesis para explicar los levantamientos, en que Gómez explica una propuesta sobre la formación del relieve y las diferencias entre el nivel de la tierra en relación con el océano; el proceso del origen de la vida o biogénesis, y temas como estratigrafía y tectónica, para explicar la formación de la corteza terrestre en concordancia con la Biblia. También dedicó otro de sus manuscritos a la Sismología y Vulcanología, donde trató sobre la hipótesis del fuego central y la composición interna de la tierra. Estos cuadernos nos permiten conocer las formas de apropiación del conocimiento científico de la naturaleza en la primera mitad del siglo XX, en las instituciones educativas más prestigiosas del Cauca en Popayán: el colegio Seminario y la Universidad del Cauca. Estas ideas eran reforzadas por un fuerte determinismo geográfico, racial y fenotípico, común en los círculos académicos tradicionales, que permitía relacionar directamente el lugar donde una persona nacía o vivía, su condición racial o su apariencia física, con sus cualidades mentales y morales, como criterio de aceptación o exclusión para mantener el orden social.

El padre Gómez murió el 3 de febrero de 1946 después de 32 años dedicados a las actividades académicas; sin embargo, el día de hoy es casi un desconocido para las nuevas generaciones de colombianos, al igual que sus manuscritos originales, los cuales fueron conservados –con mucho celo- durante más de sesenta años, en un archivo privado de tipo familiar. Algunos de estos manuscritos fueron utilizados por el investigador Andrés J. Vivas en su tesis de maestría en Historia, en la Pontificia Universidad Javeriana, sobre la educación científica en el Cauca; actualmente este material está siendo trabajado en el marco más amplio de la historia intelectual de Popayán y el departamento del Cauca.

Fuentes:

Arboleda Llorente, José María. El Padre Gómez (Popayán: Editorial Universidad del Cauca, 1951).

Gómez Guzmán, Guillermo Diomedes. Lecciones de Geología Nº 2, sin fecha.

Gómez Guzmán, Guillermo Diomedes. Sismología y Volcanología Nº 22, sin fecha. Dadas las citas consignadas en el documento, éste debió ser escrito con posterioridad a 1939.

Saldarriaga, Óscar. “Miguel Antonio Caro: La modernidad del tradicionalismo. Episteme y epistemología en Colombia, siglo XIX”; en: Algunas facetas del pensamiento de Miguel Antonio Caro (Bogotá: Editorial Javeriana, 2008).

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Fuente: Universidad del Rosario

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El Archivo Histórico ha diversificado gradualmente sus actividades de servicio a la investigación académica y ha comenzado a desarrollar tareas cada vez más relacionadas con la educación, la cultura, la protección del patrimonio documental y la promoción cultural, adaptando sus servicios a las exigencias de los tiempos actuales.

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