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Posts Tagged ‘Popayán’

Fuente: Biblioteca Luis Ángel Arango

Por Alonso Valencia Llano
Publicado en: Boletín Cultural y Bibliográfico Nº 17 

El estudio de las compañías que controlaron el comercio durante el auge agroexportador de los años 60 y 70 del siglo pasado se ha convertido en una de las necesidades más apremiantes en el conocimiento de la historia económica del Cauca.

En los documentos de la época se encuentra una razón social que se repite en diferentes formas: Ernesto Cerruti, Ernesto Cerruti & Cía. y E. Cerruti & Cía. Evidentemente, se trataba de varias sociedades que giraban en torno a un mismo personaje —el cónsul italiano en el Cauca, don Ernesto Cerruti— y a las cuales, curiosamente, estaban asociados algunos de los más prominentes miembros del sector más radical del mosquerismo: los generales Tomás Cipriano de Mosquera, Jeremías Cárdenas, Tomás Rengifo, Ezequiel Hurtado y Lope Landaeta.

El cónsul parecía realmente fascinante: un inmigrante italiano que llegó a ser, sin lugar a duda alguna, el hombre más rico del Cauca; que en determinado momento se convirtió en el más importante poder electoral en Cali; que fue acusado de haber exigido, y logrado, la expulsión del obispo de Popayán, de haber comprado las tropas que iniciaron la guerra del 85 en el Cauca, y que, como silo anterior fuera poco, llevó a que el Cauca fuera atacado militarmente por una potencia europea, suscitando uno de los conflictos diplomáticos más escandalosos en la historia de Colombia.

Un caso como éste ofrece la posibilidad de seguir la actividad de un empresario cuyas empresas, si bien conocieron el éxito, también estuvieron sometidas a los avatares que producía el inestable clima político que caracterizó al estado caucano durante los gobiernos mosqueristas y de los inicios de la Regeneración. Por otra parte, ofrece la posibilidad de estudiar la mentalidad empresarial extranjera y la forma en que los inmigrantes se relacionaron con los sectores dominantes caucanos.

El presente trabajo pretende, entonces, estudiar el caso Cerruti, para lo cual se tratará de mostrar tanto sus actividades empresariales como políticas. Se basa en memorias y documentos oficiales acerca de la llamada “Cuestión Cerruti” publicadas tanto en ediciones especiales del ministerio de Relaciones Exteriores como en periódicos en contra del italiano y unos breves esbozos biográficos escritos por personas que lo conocieron. Estas fuentes se complementaron con material que reposa en el Archivo Histórico Municipal de Cali, en las notarías 1a. y 2a. de esta ciudad, en el Fondo Notarial del Archivo Central del Cauca y en la notaría 1a. de Palmira. También se utilizaron algunos periódicos de publicación regional. Hasta el momento ha sido imposible conseguir documentación personal de Cerruti o sus socios, lo mismo que de sus empresas.

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Motivado por el interesante artículo de Mario Perafán Fajardo publicado en la entrada anterior, estuve buscando información sobre la “Corona de los Andes”, confeccionada en la última década del siglo XVI, en la ciudad de Popayán, con incrustaciones de piedras preciosas, principalmente esmeraldas, por encargo de la Cofradía de la Inmaculada Concepción, en honor a la Virgen. Encontré varios artículos y casi todos hacen referencia a los mismos textos, con ligeras variaciones. Algunos profundizan en las anécdotas que rodean a la corona legendaria, mientras que otros toman distancia y evalúan su trayectoria con mayor objetividad. Todos los testimonios son valiosos, pues dan a conocer las características que han rodeado a la corona y su historia. Algunos de ellos son:

Crown of the Andes, publicado en Wikipedia

Esmeraldas famosas, publicado en el Blog de Ana Vásquez Hoys

La triste historia de la corona de los Olano, publicado en el Boletín Olano

La corona de la Inmaculada Concepción, publicado por Mario Pachajoa Burbano (muy interesante)

También es posible consultar una exposición de arte colonial español titulada Sacred Spain, Art and Belief in the Spanish World, que se llevó a cabo en el Museo de Arte de Indianápolis (Indiana, USA), en donde se exhibió la corona como se muestra en la fotografía, entre el 11 de octubre de 2009 y el 3 de enero de 2010 (mire la imagen oficial de la corona en la exposición). Según la leyenda de esta imagen, la corona pertenece actualmente a una colección privada.

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Fotografía: Andrés J. Vivas Segura

Septiembre 20 de 2004
Autor: Mario Perafán Fajardo

Recuento de la dinámica de la Catedral de Popayán a partir del siglo XVI y algunas consideraciones históricas sobre una de las más importantes joyas coloniales

1538 – 1540 : Construcción de la primera Iglesia Mayor de paja, con retablo para la imagen de la Inmaculada.

1546: Erección de la Diócesis de Popayán con el Obispo Juan del Valle.

1 de mayo de 1551: Fundación de la Capellanía por poder otorgado a su hijo el Capitán FRANCISCO DE BELALCÁZAR, al protocolizar el testamente en Cartagena donde murió el fundador de Popayán Don Sebastián de Belalcázar, nombrándolo su primer mayordomo.

1 de diciembre de 1558: Segunda Iglesia Catedral de bahareque y paja.

Hacia 1590 se cambió la denominación de “Capellanía” a “Cofradía de Nuestra Señora de la Limpia Concepción”.

17 de diciembre de 1594: Primera Iglesia Catedral de teja y ladrillo.

1599: Imposición a la imagen de la Inmaculada de la Catedral de Popayán de la corona de oro y esmeraldas donada por la ciudadanía de Popayán, siendo Mayordomo de la Cofradía Don Gonzalo de Fonseca.

1609: Se terminó de construir la primera Catedral, siendo Mayordomo Don Simón Vásquez.

1653: Nombramiento como Mayordomo a Don Juan Nicolás del Corro.

11 de mayo de 1684: Sepultado el Obispo Cristóbal Bernardo de Quiróz (constructor de la Torre del Reloj) al pie del altar a la Virgen de la Inmaculada.

1690: Nombramiento como Mayordomo a Don José Román Maldonado de Montes de Oca.

1724: Nombramiento como Mayordomo a Don Agustín de Alarcón y Senteno.

Enero de 1736: Fray Diego Fermín de Vergara nombró a Don Cristóbal Enrique Mañosca quien ejerció la Mayordomía por espacio de 27 años hasta el 20 de abril de 1763 cuando se retiró por enfermedad.

20 de abril de 1763: El Obispo Don Gerónimo Antonio de Obregón y MENA nombró como Mayordomos de la Cofradía al Dr. Manuel Ventura Hurtado (Presbítero) y a Don Lorenzo de Mosquera (quien poco después se retiró) y les entregó las alhajas (entre ellas la corona de oro y esmeraldas) bajo inventario.

19 de abril de 1807: Falleció el Presbítero Dr. Manuel Ventura Hurtado y fue sepultado según su última voluntad en la Iglesia de Santo Domingo.

1 de Septiembre de 1807: Lo sucedió en el cargo de Mayordomo de la Cofradía su sobrino Don Nicolás Hurtado por nombramiento que le hizo el Obispo Velarde y Bustamante.

Don Nicolás Hurtado casado con Doña Vicenta Mosquera tuvo una hija (Liboria Hurtado) quien casó con el Dr. Tomás Olano y el hijo de ellos, Tomás Olano, fue padre de Manuel José Olano, inciándose allí la llamada “Cofradía de la familia”.

Al fallecimiento de Don Nicolás Hurtado, el Obispo Pedro Antonio Torres designó como sucesor a Don Vicente Hurtado Mosquera (único hijo varón de Don Nicolás) quien en 1858 renunció a la Cofradía para radicarse en París y el mismo Obispo lo reemplazó en 1860 por Don Antonio Olano y Olave esposo de Doña Liboria Hurtado (la otra hija de Don Nicolás).

En 1867: Don Antonio Olano y su familia se trasladaron a Quito dejando los bienes de la Cofradía bajo la vigilancia del Dr. Joaquín Valencia (apoderado judicial de la familia Olano Hurtado) y allá murió Don Antonio el 27 de diciembre de 1883.

El Obispo Don Carlos Bermúdez (quien antes fue perseguido y desterrado el 7 de febrero de 1877 y sobre el cual existe una leyenda sobre la Cruz de Belén) nombró en 1884 a petición suya como Síndico-Patrono de la Cofradía de la Inmaculada a Don Tomas Olano y Hurtado hijo de Don Antonio Olano y Olave el cual hizo constar en su testamento protocolizado en la notaría segunda de Cali el 9 de septiembre de 1886 que los bienes de su sucesión fueron declarados en quiebra y no se menciona para nada la corona de oro y esmeraldas por pertenecer a la Cofradía.

Desde la época de Don Manuel Ventura Hurtado se acostumbraba además el día de la Inmaculada sacar en procesión esta imagen con todas sus joyas (inclusive la corona) el día de Corpus Cristo, acompañada de las andas de los Santos Doctores, Apóstoles y Evangelistas. Esta ceremonia tuvo mucho esplendor durante el período de Don Tomás Olano y Hurtado quien además costeaba el arreglo de uno de los altares.

El 27 de octubre de 1877 se decretó nueva erección de la Cofradía de la Inmaculada con estatutos en virtud del mandato expedido por el Pbro Don Gregorio Sandoval y en los cuales se imponía además de las prácticas espirituales de los cofrades el pago de 8 reales a la entrada y una cuota anual de 4 reales en diciembre para atender los gastos de las fiestas.

Desde la guerra civil se guardó, por seguridad, la corona en casa de los Olano donde la conservaban en una urna.

Don Tomás Olano y Hurtado inició gestiones para obtener la licencia canóniga para la enajenación de la corona y en abril de 1907 elevó un memorial a la Santa Sede dirigida a la Sagrada Congregación del Concilio por mediación del Obispo de Popayán Don Manuel José de Caicedo, para con ello, construir un Asilo para Ancianos.

El 3 de enero de 1912 dirigió una carta a Monseñor Francisco Ragonesi, delegado Apostólico de Su Santidad y el le contestó que el Arzobispo de Popayán debería dirigirse a la Congregación Romana.

Don Tomás Olano se dirigió al Papa Pio X en carta de 20 de abril de 1914 la cual fue contestada por el Cardenal Marry del Val calificándola de “Cofradía Local” y no “Cofradía de Familia” como lo insinuaba Don Tomás en su carta. Dicha contestación está fechada en Roma el 17 de junio de 1914 autorizándolo y dejando pendiente juicio del Arzobispo de Popayán Manuel Antonio Arboleda las modalidades y condiciones tanto de la enajenación como de la nueva institución (el asilo de ancianos).

En la Nueva Granada por efecto del Decreto de la “desamortización de los bienes eclesiásticos” expedido en 1860 (con base en el Decreto “Quaecumque” del Papa Clemento VII fechado el 7 de diciembre de 1604) dejó a las Cofradías inactivas porque perdieron su fuero jurídico para administrar esos bienes y sus Mayordomos vinieron a quedar reducidos a simples Síndicos-Patronos.

A tal efecto fue Don Vicente Hurtado Mosquera el último Mayordomo de la Cofradía, siendo el primer Síndico-Patrono de la misma el Dr. Antonio Olano y Olave. Por esta razón por ser simple Síndico-Patrono no podía su hijo y sucesor Don Tomás Olano gestionar de por sí cualquier operación comercial de bienes eclesiásticos, de ahí que Monseñor Ragonessi a quien la Santa Sede le encomendó el caso, juzgó que quien tenía que dirigirse a la Congregación Romana para obtener la licencia de venta de la Corona de Oro y Esmeraldas era el Ilustrísimo Obispo Arboleda por ser el representante legal de la Arquidiócesis de Popayán.

Finalmente la Santa Sede autorizó la venta de la Corona para que se invirtiera ese dinero en la fundación de un asilo para ancianos (lo cual nunca ocurrió).

Don Tomás Olano en su testamento de 15 de noviembre de 1916 se declaró impedido para continuar con esa sindicatura y solicitó al Obispo Arboleda que nombrara a su hijo Don Manuel José Olano como Síndico-Patrono.

En 1935 permanecián los bienes de la Cofradía de la Inmaculada en poder de Manuel José Olano y la Arquidiócesis de Popayán por intermedio de Monseñor Maximiliano Crespo, al enterarse que se estaba gestionando la venta de la corona, designó a los doctores Jorge Ulloa López y Gustavo Maya Rebolledo como abogados y les dio poder para demandar en juicio ordinario al Sr.Olano para que restituyese a la Iglesia Catedral tales bienes eclesiásticos inclusive la corona de oro y esmeraldas y se condenara pago de perjuicios y costas del juicio, como efectivamente lo hizo el juez 3º del Circuito Dr. Alfonso Valencia Correa el 29 de marzo de 1935. A su turno Manuel José Olano por intermedio de su apoderado Dr. Jesús María Casas se opuso a ello alegando derecho de propiedad por considerar a la corona como “patrimonio de familia”.

Por Decreto 927 del 4 de mayo de 1936 Monseñor Crespo removió al Dr. Manuel José Olano del cargo de Síndico-Patrono de la Cofradía de la Inmaculada por “negarse a rendir cuentas al ordinario y entregar a este los bienes que ha guardado en calidad de depósito y por estar gestionando la venta de la corona.”

Pero Don Manuel José Olano, siguiendo las instrucciones de su padre, sostuvo durante varios años negociaciones con gran cantidad de posibles compradores para la venta de la corona y para tal efecto a finales de 1928 viajó de Chicago (E.E.U.U.) a Popayán el negociante de gemas Warren J Pipper, pero el colapso de Wall Street en 1929 puso fin a las negociaciones por un tiempo. Este joyero había oído hablar de la corona en la exposición de Panamá-Pacífico en San Francisco, California y tomó la determinación de adquirirla.

Entonces el primer comprador de la corona fue Guillermo Rodríguez Fonnegra quien pagó US$85,000 a Manuel José Olano. Pero más tarde Rodríguez sirvió de intermediario para venderla a Pipper en 1933.

La corona había sido llevada a Nueva York por el Dr. Luis Carlos Iragorri, un amigo de la familia Olano, quien se embarcó en Buenaventura a bordo del buque de la Green – Lane “Santa Lucía” escondida en una caja de cubiletes y luego guardada en la caja fuerte del barco cuando el capitán del mismo se enteró del valor de la joya. En Nueva York fue depositada en las bóvedas del Hannover Trust Company.

El 6 de julio de 1936 se firmó en la ciudad de Nueva York un convenio de compraventa de la corona de oro y esmeraldas entre los vendedores (intermediarios) señores Oscar herman & Brothers Inc, sociedad domiciliada en aquella ciudad y el comprador señor Warrem J. Pipper de Chicago, Illinois, por el precio total de ciento veinticinco mil dolares. Esta corona, según el texto en inglés del documento de compraventa al hacer la versión al españo, la describe así: “…una corona de oro adornada con esmeraldas consistente en dos secciones: diadema que contiene ciento noventa y seis (196) esmeraldas; corona que contiene sesenta y siete (67) esmeraldas y rematada por una banda circular que contiene doce (12) esmeraldas pequeñas y una cruz que contiene diez y siete (17) esmeraldas periformes (gota de aceite), llamadas familiarmente aguacates, suspendidas en el interior de la corona. (en la base de la diadema hay una esmeralda rota, una porción de la cual hace falta)”.

El propio Don Tomás Olano y Hurtado en carta dirigida al Papa Pio X la describió así: “Esta preciosa corona de forma imperial, de oro fino repujado, trabajo artístico y muy antiguo, pesa en bruto dos mil doscientos cincuenta gramos (2250) y está tachonada de doscientos setenta y nueve (279) esmeraldas de puras aguas y lindo color, grandes algunas y medianas y pequeñas las otras. En la parte interior tiene colgantes diez y siete esmeraldas en forma de pera (17). Esta bellísima y valiosa corona solamente se le ha puesto a la efigie de la Virgen para su fiesta anual.”

La noticia de la venta de la corona causó revuelo en Popayán. La Iglesia instituyó cargos contra la familia Olano, sosteniendo que ellos solos no tenían autoridad para negociar la venta. El caso se prolongó en las cortes cuando fue finalmente decidido a favor de la Iglesia cuando el 20 de marzo de 1937 el Juez 3º del Circuito profirió sentencia por haberse demostrado plenamente que la “posesión material casi centenaria” por parte de la familia Olano solo “había sido una mera tenencia y que todo el dominio de la misma Inglesia estaba reconocido en los últimos treinta años por parte de los antepasados del Señor Olano”. En la misma providencia se condenó a Manuel José Olano a restituir a la Catedral esa corona y todos los elementos pertenecientes al culto de la Inmaculada Concepción. No hubo lugar a condenación por daños y perjuicios ni por costas del juicio.”

Cabe destacar aquí que esta sentencia fue ratificada por el Presidente, en esa época, del Tribunal Superior del Distrito Judicial de Popayán, Dr. José Rafael Cabanillas Rodríguez, (a quien a semejanza de Cristo cuando preguntaron: “…a quién debéis pagar tributo, a Dios o al César?) a él lo pusieron a juzgar si la corona pertenecía: “…a Dios, a la Virgen, a la Iglesia o a la familia Olano”. El jurista, políglota, filósofo y exseminarista, Dr. Cabanillas en su profunda sabiduría respondió: “…ni Dios ni la Virgen son personas jurídicas a quienes les sean dados poseer bienes terrenales”. Esta respuesta fue malinterpretada por Monseñor Maximiliano Crespo, Arzobispo de Popayán por lo cual le impusieron una sanción eclesiástica por apóstata al negar la existencia de Dios”, a todas luces injusta que lo llevó a abandonar la ciudad de Popayán y radicarse en Bogotá donde fue recibido con todos los honores por todas las universidades de allí y de Tunja y hasta le concedieron el grado “Honoris Causa”, honor que no le concedió la Universidad del Cauca y nunca lo hará pues falleció en Bogotá a las noventa años el 18 de octubre de 1995.

Pero siguiendo con el juicio de la corona, el 21 de abril de 1938 los Dres Jorge Ulloa López como apoderado de la Arquidiócesis de Popayán y Tomás Olano Angulo por parte de Manuel José Olano solicitaron al H. Tribunal desistir del recurso de apelación y levantar el embargo y secuestro preventivo de los bienes eclesiásticos para ser entregados a la Arquidiócesis de Popayán como así se hizo.

Mas la corona de oro y esmeraldas no regresó de Nueva Cork y el Dr Jorge Ulloa López, apoderado de la Arquidiócesis, narra que recibió como producto de la venta US$72,500 que deducidas las sumas pagadas a Don Manuel José Olano (US$36,000) en virtud de una “generosa transacción” y por otros giros que hizo el Arzobispo Crespo quedó un saldo líquido de US$ 46,774.75, que esta cantidad unida a los US$2,857 que le correspondieron de honorarios, la invirtió por su cuenta en bonos de deuda externa de la Nación, Banco Agrícola Hipotecario y Departamento del Valle, cuando estos títulos se cotizaban a los precios más bajos en la bolsa de Nueva Cork y que gracias a esta inversión pudo entregar a la Arquidiócesis de Popayán en 1942 US$123,141,25, que al cambio de $174.50 le representó la suma de $214´881.48 moneda colombiana, esto sin contar con otros giros que le hizo con anticipación para atender algunos gastos como los del nuevo palacio arzobispal.

En la Feria Mundial Internacional llevada a cabo en Nueva Cork en el año de 1939 la corona de oro y esmeraldas de la Virgen de la Inmaculada de la Catedral de Popayán se exhibió como “La Corona de los Andes” por cuenta de la casa de subastas Christies con un catálogo en el que narran historias fantásticas sobre su origen para hacerla más interesante a los turistas tales como que fue tallada de un solo bloque de oro puro y pesaba 100 libras, que fue robada por unos piratas ingleses en 1650 y rescatada en alta mar después de una sangrienta batalla, que una de las esmeraldas perteneció al Cacique Inca Atahualpa y le fue arrebatada por Pizarro cuando conquistó el Perú, que el Zar ruso Nicolás II estuvo interesado en comprarla pocos meses antes que los bolcheviques lo ejecutaran en octubre de 1917. Todos estos argumentos como para una película de Holliwood pero nada reales.

La corona de oro y esmeraldas de la Virgen de la Inmaculada Concepción de Popayán, Colombia, ha estado exhibida en diferentes lugares del mundo tales como París, Londres, Roma, Tokio y en el famoso “museo Topkapi” de El Cairo.

La casa de subastas Christies fijo la fecha de 20 de noviembre de 1995 para rematarla al mejor postor, fijando un topo de tres a cinco millones de dólares. El gobierno colombiano por intermedio del embajador en Nueva York y de la señora del Presidente de la República Jackie de Samper se mostró interesado en subastarla, para devolverla a Popayán como patrimonio histórico, por lo cual se concedía la primera opción, pero los últimos acontecimientos político-administrativos lo hicieron desistir.

Al momento de escribir esta crónica se desconoce quien la remató, pero parece que no lo hicieron.

COMENTARIOS DE DON ALBERTO VALENCIA CORREA

Los documentos auténticos que hemos transcrito en este estudio histórico dejan comprobados los siguientes hechos:

1) Que la Cofradía de la Inmaculada Concepción de la Catedral de Popayán tuvo su origen en 1551.
2) Que cuando el Presbítero Manuel Ventura Hurtado se posesionó del cargo de Mayordomo el 20 de abril de 1763 recibió de su antecesor todos los bienes muebles pertenecientes a esa Cofradía, entre ellos alhajas preciosas de mucho valor como la corona de oro y esmeraldas.
3) Que esta congregación piadosa contó con suficientes rentas para atender a su subsistencia porque logró acumular valiosas donaciones hasta la mayordomía del Dr. Hurtado.
4) Que por ninguna parte en los documentos aludidos se habla de “Cofradía de Familia” sino de “Cofradía de la Limpia Concepción de Nuestra Señora en el Misterio de la Purificación” (desde la proclamación del “dogma de fé” llámase “Inmaculada Concepción”.

Se observa en la carta de Don Tomás Olano y Hurtado para el Excelentísimo Señor Ragonessi no le dice que hubiera sido el Presbítero Manuel Ventura Hurtado la persona que mandó a fabricar la corona, de donde se infiere que no existía la tal “tradición de familia” acerca de la procedencia de la joya en su antepasado.

En lo tocante a sus antepasados, Don Tomás trató de testimoniar ante el Soberano Pontífice todo el celo y cuidado que aquellos le tuvieron a la joya por el tiempo que les correspondió ejercer las funciones de simples tenedores. Y no por el hecho de que a partir de 1763 los cargos de Mayordomos y Síndicos de la Cofradía de la Inmaculada recayeron en los miembros de una misma familia, sea ello razón para computarse esa Cofradía como “de familia”, desde luego los Cofrades fueron tantos cuantos fieles devotos tuvo la Santísima Virgen en esa advocación en toda la comarca de Popayán. Por eso S.S. Pio X al referirse por mediación del eminentísimo Cardenal Ferry de Val a la solicitud de Don Tomás Olano y Hurtado hace alusión a “Cofradía Local” para dar a entender con este término la congregación de muchos fieles de esta ciudad.

RECOPILACIÓN HISTÓRICA POR MARIO PERAFÁN FAJARDO “PERANCHICO”, Popayán, 25 de noviembre de 1995.

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Andrés Alejandro Córdoba / EL LIBERAL
Roger Marino Burbano tiene retratada toda la historia contemporánea de la ciudad. Un archivo que hay que rescatar para que las nuevas generaciones lo conozcan y hagan uso de él.

Debían pasar tres días y recorrer más de 70 kilómetros a caballo desde Bolívar – Cauca hasta Popayán, para que Roger Marino Burbano pudiera revelar sus negativos y ver las maravillas que su cámara de cajón había registrado. Su pasión por la fotografía lo llevó a hacer este recorrido en varias ocasiones durante los años 30 en el sigo pasado.

A sus 92 años de edad ha tenido que abandonar el oficio que marcó más de 70 años de su vida. Sus nueve décadas y su débil estado de salud lo llevaron a cerrar el lente de sus cámaras. Ésas que en sus mejores años registraron los límites del Macizo colombiano o que en épocas gloriosas retrataron las figuras más importantes del país, como los presidentes Alberto Lleras Camargo, Lleras Restrepo, Misael Pastrana, Guillermo León Valencia o la única colombiana ganadora del título de Miss Universo, Luz Marina Zuluaga.

Ahora, sus ojos marchitos juguetean en medio de algunas fotos que le ponen en frente. “Está desenfocada”, la señala con su dedo. Conserva su ojo crítico y perfecto, tan buscado para hacer registros de importantes eventos sociales o para que calificara las fotos de los aficionados que surgían en los años 50 en la ciudad de Popayán.

La primera cámara que tuvo en sus manos se la regaló su padre. Traída de Bogotá, la cámara de cajón marcaría a sus 17 años su pasión por la fotografía. “Era el único medio que existía para comunicar lo que uno quería”, cuenta Roger, mientras sus ojos me analizan, así como lo hicieron antes de registrar varios escenarios del Macizo Colombiano, como Almaguer, San Sebastián, La Vegas y su propia tierra, Bolívar.

“El tomó fotografías desde siempre”, menciona su hija menor Aida Ximena, quien desde niña, junto a sus otros tres hermanos, fue perseguida por el lente de su padre a cada instante, todos los días. Cuando se levantaban, a cada paso que daban, posando o haciendo cualquier cosa que él les pidiera. Para Roger, todo momento era perfecto para retratar. Todo tenía una explicación: “así me ejercitaba hasta perfeccionarme”.

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Foto: Andrés Vivas, 2011

Por: Felipe García Quintero

Esta investigación es un caso de crítica cultural, desarrollado bajo los parámetros académicos de la interdisciplinariedad de las ciencias sociales (historia social y política, crítica literaria y de arte, antropología urbana, semiótica y comunicación), donde se observa cómo opera la estrategia que vincula la estética de la literatura y de la pintura, con el poder y la ideología de una clase dominante, en la sociedad tradicional de la ciudad colonial de Popayán, Colombia, durante la primera mitad del siglo XX; a fin de simbolizar su cosmos imaginario en representaciones artísticas —dos poemas y un óleo— dotadas de una legitimidad social inexpugnable a la hora de cuestionar su significado, que las ha convertido en la imagen de su identidad cultural.

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La Biblioteca Virtual del banco de la República ha puesto a disposición de los estudiantes y lectores de Colombia y el mundo, la extraordinaria publicación, de corte anecdótico, que publicara en 1926 don Gustavo Arboleda Restrepo (1881-1938), uno de los máximos historiadores de finales del siglo XIX y principios del siglo XX en el suroccidente de Colombia.

En este libro usted encontrará amenas narraciones sobre el ambiente intelectual, económico, político y educativo de Popayán y el Cauca en las últimas décadas del siglo XIX, con referencia al Colegio Seminario, la Universidad del Cauca, el colegio de los Hermanos Maristas, las costumbres payanesas, al igual que un nutrido anecdotario político de la región.

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En la revista Credencial Historia Nº 115 de julio de 1999, se hizo una breve semblanza de este historiador caucano, la cual reproduzco a continuación:

Gustavo Arboleda (Popayán 1881-Cali 1938) fue uno de la principales historiadores colombianos del presente siglo. Su vida intelectual se inició cuando, debido a la guerra de los Mil Días, no pudo finalizar los estudios en la Universidad del Cauca, viéndose obligado a formarse como autodidacta en filosofía, historia y derecho.

Sus primeras actividades laborales se orientaron hacia el periodismo, que ejerció no sólo en periódicos regionales y nacionales, sino también de Ecuador, Chile y Brasil, donde desempeñó representaciones consulares de nuestro país. Precisamente el trabajo periodístico lo acercó a la investigación histórica, cuando escribió Apuntes sobre la imprenta y el periodismo en Popayán (Popayán, 1905) y El Periodismo en el Ecuador. Datos para un estudio (Guayaquil, 1908), que constituyeron los primeros esfuerzos por realizar una historia de esta disciplina.

Aunque su actividad periodística fue sin duda sobresaliente, los aportes más importantes a la cultura nacional los hizo Arboleda en sus trabajos de historia, entre los que destacaríamos Revoluciones locales en Colombia (Popayán, 1907), El Brasil a través de su historia (Bogotá, 1914), Evocaciones de antaño. Mis memorias (Cali, 1926), Compendio de la historia de Colombia (Cali, 1935), César Conto: su vida, su memoria (Cali, 1936). Más que trabajos propiamente históricos, los de Arboleda son crónicas de la historia política y social de Cali, del Cauca Grande y de Colombia. Al menos esto es lo que ocurre con su monumental Historia contemporánea de Colombia (6 volúmenes publicados entre 1918 y 1935) y la Historia de Cali (Cali, 1928), obras donde el autor deja que los documentos expongan la sucesión ordenada de los hechos; en ellas priman los acontecimientos, pero también los detalles y las anécdotas que quedaron plasmados en proclamas, en decretos o en la correspondencia personal pública o privada.

Muchas críticas podrían hacérsele a estos trabajos desde el punto de vista de la teoría y la metodología de la historia, pero una mirada objetiva sobre ellos muestra que ante todo corresponden a un tipo de paradigma historiográfico, el positivista, que abordaba el estudio del pasado en forma genética, de tal forma que considera que la historia está constituida por la sucesión ordenada de los acontecimientos que quedaron plasmados en documentos que, a su vez, funcionaban como prueba. Los desarrollos de la moderna historiografía han llevado a superar esos modelos. Sin embargo, los trabajos historiográficos de Arboleda siguen siendo importantes y fundamentales para quienes quieran abordar el estudio de la historia de Colombia, ya que sin su tesonero trabajo no tendríamos el acervo documental para enfrentar la explicación del pasado.

Pero no toda la obra de Arboleda puede ser clasificada de la misma manera. Importantes artículos explicativos elaborados por él se encuentran en una obra de indudable valor, de la cual fue su principal gestor; el Boletín Histórico del Valle. Esta obra muestra que Arboleda no fue un historiador aislado, sino que a su alrededor giró, a comienzos del presente siglo, un importante movimiento intelectual que se dedicó a explicar el pasado y que permitió consolidar la Academia Vallecaucana de Historia, cuyos miembros abrieron el camino para el desarrollo de la historiografía regional.

Arboleda fue además un importante genealogista, como lo muestran sus obras Diccionario biográfico del Ecuador (Quito, 1911) y el Diccionario biográfico y genealógico del antiguo departamento del Cauca (Bogotá, 1962); esta última es sin duda una de las más importantes obras historiográficas del país, y al contrario de otras obras similares escritas para otras regiones, ella se compone de pequeñas historias que muestran la actividad que desarrollaron los hombres que, de una u otra manera, se comprometieron con la creación de la sociedad, la economía y el Estado regionales. Desde luego, Arboleda no sólo rastrea los personajes que hicieron del Cauca la región más importante del siglo XIX colombiano; también rastrea sus ascendientes y nos ofrece una abundante información sobre las biografías de los más importantes hombres de la colonia. Sobra decir que, sin este trabajo, y debido a las vicisitudes que han sufrido los archivos, hoy sería prácticamente imposible reconstruir las actividades de los más importantes personajes del suroccidente colombiano.

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Encontré entre viejos papeles este plegable de una exposición fotográfica organizada en conmemoración de la memoria de Monseñor Guillermo Diomedes Gómez Guzmán (1879-1946), a quien ya me he referido en otras entradas (65 aniversario de su fallecimiento; y Un tratado de geología). El plegable contiene una breve semblanza de Monseñor Gómez en su vida académica y eclesiástica.

De acuerdo con Óscar Tobar Gómez, monseñor Gómez dejó un legado de más de 3000 fotografías, con las cuales se nutrió de contenidos esta muestra fotográfica organizada en 1995, con el auspicio de la Lotería del Cauca. En su programa se aprecia que contó con la presencia del entonces Arzobispo de Popayán, Monseñor Alberto Giraldo Jaramillo; una conferencia, a manera de curaduría de la muestra de la colección fotográfica, pronunciada por el historiador Diego Castrillón Arboleda; finalmente, un reconocimiento y palabras de Óscar Tobar Gómez, como heredero del legado fotográfico y representante de la familia de Monseñor Gómez.

Descargue el plegable completo AQUÍ

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