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Archive for the ‘Historiografía’ Category

La presente entrada se publica a propósito del aniversario del natalicio de Francisco José de Caldas, el 4 de octubre de 1768.

Los siguientes párrafos son retomados de un artículo de Rafael Antonio Álvarez Salcedo, publicado en la página Web Una Colombia Objetiva Siglo XXI como la VIII y última entrega de varios artículos cortos sobre este personaje. En él se mencionan algunas de las representaciones de Francisco José de Caldas en la memoria nacional. Usted puede ver el artículo en su página original AQUÍ. Sin embargo las imágenes de billetes y estampillas han sido complementadas y mejoradas, pero poco a poco se colgarán más imágenes y representaciones de este hijo de Popayán.

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Fue desagraviado por España cuando en 1925, en el vestíbulo del palacio de bibliotecas y museos de Madrid, el rey Alfonso XIII, con gran solemnidad, descubrió una lápida conmemorativa que ostenta esta significativa inscripción: “Perpetuo desagravio de la madre España a la memoria del inmortal neogranadino Francisco José de Caldas”.

El humanista español Marcelino Menéndez Pelayo le llama: “víctima nunca bastante deplorada de la ignorante ferocidad de un soldado, a quien en mala hora confió España la delicada empresa de la pacificación de sus colonias”.

En su honor un Departamento de Colombia lleva su nombre: Caldas.

Fue exaltado por el senador Laureano Gómez en 1934, sesiones del 12 al 17 de Septiembre, con motivo del debate contra el Presidente Olaya Herrera y su gobierno por haber entregado la soberanía Colombiana al Perú en el conflicto de 1932 cuando dijo: “Yo sé muy bien lo que es el país; desde hace mucho tiempo leí una de las obras del sabio Caldas, nuestro gran sabio Caldas, señor senador Turbay, (Gabriel Turbay), en la que se habla de la necesidad que tenía el Virreinato de la Nueva Granada de tener acceso al Amazonas, ese mare nostrum que el llamara en una memoria de admirable actualidad. El mismo granadino insigne habla en carta dirigida al sabio Mutis de las expediciones peruanas que venían a meter la hoz en mies ajena, violando así los linderos del Virreinato”. Y termina Gómez su intervención así: “Fundámonos todos en un frente patriótico para sostener nuestro derecho en el mare nostrum que dijera Caldas”.

Su efigie ha adornado billetes y una emisión de estampillas:

En Bogotá se encuentra la Universidad Distrital “Francisco José de Caldas”.

En el Planetario Distrital de Bogotá se yergue un busto de Francisco José de Caldas (ya no está allí).

La Plaza de las Nieves se adorna con una hermosa estatua de Caldas.

En la sede de la Sociedad de Ingenieros de Bogotá hay un óleo de Caldas distinto a como lo han representado los pintores de la época.

En Bogotá la Casa Museo Caldas se conserva como patrimonio Nacional por el arma de Ingenieros y está abierta al público. Carrera 8ª. No. 6-87.

En el año de 1968 mediante el Decreto Número 2869 del 20 de Noviembre, el gobierno nacional crea el CONSEJO NACIONAL DE CIENCIAS Y TECNOLOGIA Y EL FONDO DE INVESTIGACIONES CIENTIFICAS Y PROYECTOS ESPECIALES “FRANCISCO JOSE DE CALDAS”. Hoy COLCIENCIAS.

En Bucaramanga está el Colegio Sabio Caldas de primaria y el Instituto Caldas, de secundaria.

Entre nosotros está el Batallón de Ingenieros Militares No. 5 Francisco José de Caldas.

El área Metropolitana cuenta con el barrio “Caldas”.

También en Bucaramanga, hacia 1983 se fundó con el concurso de la entonces Universidad Cooperativa Indesco, hoy UCC, el Batallón de Ingenieros Caldas, los escritores Roberto García Peña, Alejandro Galvis Galvis, Rafael Ortiz González y Hugo Mantilla el “Centro de Periodismo Científico” que otorgó mención de Honor a Francisco José de Caldas y a Eloy Valenzuela Mantilla.

En Popayán existe el Parque Caldas.

La RAC, Red de Astronomía Colombia, propuso ante la UIA (Unión Astronómica Internacional) el nombre de Francisco José de Caldas para que con él fuera bautizado un cráter de la Luna. Descartaron su nombre ya que para ese tipo de nomenclatura no se tienen en cuenta los nombres de personas, que entre otras, tengan o hayan tenido la profesión de militares.

Y hay más que se escapan pero con el concurso de los lectores las estaremos actualizando.

Hasta aquí esta corta pero descriptiva biografía del precursor de la investigación científica en la América colonial independentista.

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Algunas otras muestras de la persistencia de Caldas en la memoria nacional son:

La Casa Caldas en Popayán

Fotografía: Andrés José Vivas Segura

El Parque Caldas

Estatua ubicada en el centro del "Parque Caldas", en Popayán. Foto: Andrés Vivas

<i>Bomarea caldasii</i>, en el costado norte de su estatua. Foto: Andrés Vivas

Hipsómetro y octante de Caldas, en el costado sur de su estatua. Foto: Andrés Vivas

Lápida en honor a Caldas, en el edificio del Panteón de los Próceres en Popayán. Foto: Andrés Vivas

 

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Entre las publicaciones de Frank Safford están El ideal de lo práctico: el desafío de formar una élite técnica y empresarial en Colombia (1976) y Colombia, país fragmentado, sociedad dividida (2002), con Marco Palacios. – Víctor Manuel Holguín / Unimedios

Por: Guillermo Parada, Unimedios

Frank Safford, profesor de la Universidad de Northwestern, experto en historia económica y política de Colombia en el siglo XIX, recibió el pasado mes de agosto el Doctorado Honoris Causa que le otorgó la Universidad Nacional de Colombia por su excepcional aporte a la memoria histórica del país. En entrevista con UN Periódico habla sobre la coyuntura política de América Latina.

UN Periódico: ¿Cómo empezó su recorrido para convertirse en uno de los grandes colombianistas?

Frank Safford: Mi carrera es accidental. Vine por primera vez a Colombia buscando un tema para mi tesis de PhD. Leí el libro de Luis Eduardo Nieto, Economía y cultura en la historia de Colombia, en donde dice que se pueden comprender las diferencias entre los partidos tradicionales colombianos a partir de sus intereses económicos. Aunque rápidamente encontré que Nieto estaba equivocado, hice investigaciones sobre empresas en la región de Bogotá y sobre el comercio. Ante esto, decidí escribir sobre historia empresarial. Terminé mi tesis en 1965 y en el mismo año regresé a la capital para hacer más investigaciones.

Trabajé en el archivo de la Academia Colombiana de Historia porque tenía los documentos del general Herrán, quien había invertido en una fábrica en Bogotá entre 1830 y 1840. Aunque no encontré temas interesantes, hallé un paquete de cartas del militar y otras personas que habían enviado a sus hijos a estudiar bajo su cuidado, en Estados Unidos. En las cartas se referían al tipo de educación que querían para los jóvenes. Decían: “A mí no me importa si mi hijo saca un grado, hay que meterlo en una fábrica para que aprenda cosas prácticas”. Esta clase de sentimientos solo están escritos, pues no es la percepción que se tiene sobre la clase alta de América Latina en el siglo XIX.

Por esa sorpresa abandoné la idea de un libro sobre la vida empresarial y empecé a escribir artículos sobre aquellos jóvenes en Nueva York. Esta investigación, por la que me concedieron el título Honoris Causa, se convirtió en libro El ideal de lo práctico, estudio histórico sobre el desarrollo de la educación en ciencias naturales y en ingeniería en el siglo XIX en Colombia.

UNP: ¿Cómo se siente ante la entrega de este reconocimiento?

F.S.: Estoy agradecido por el grado Honoris Causa. El decano Diego Hernández es muy enérgico y es consciente de que los ingenieros y profesionales de las ciencias naturales en Colombia tienen que internacionalizarse y relacionarse con centros importantes en tecnología. Él ha enfatizado en la necesidad de enviar profesores a países en Europa o Estados Unidos y tiene programas de intercambio con otras universidades en el extranjero.

UNP: ¿Piensa que usted se ha convertido en un personaje muy importante para Colombia gracias al mencionado libro?

F.S.: En realidad todo esto me sorprende. Cuando lo publiqué, un amigo colombiano me preguntó: ¿Por qué le dio por escribir sobre un tema tan raro? No esperaba que fuera gran cosa, lo escribí porque me interesaba el tema.

UNP: Usted pensó en hacer un libro y su tesis de grado en Argentina, pero acabó en Colombia. ¿Cómo percibe su interés en Latinoamérica?

F.S.: Casi nunca he dictado una clase sobre la historia de Colombia, quizá no habría sido de mucho interés entre los estudiantes. Siempre enseñaba cursos sobre América Latina en general y en algunas clases incluía a esta nación. Me considero no solo historiador de este país sino de América Latina.

UNP: ¿Cómo ve a América Latina hoy?

F.S.: Cuando Ronald Reagan –que yo considero más o menos un idiota– hizo una visita a tres países de Latinoamérica, dijo con gran sorpresa que todos son muy diferentes. Cuando vine con mi esposa a Colombia por primera vez, lo hicimos en autobús. Primero habíamos visitado Ciudad Juárez y Costa Rica, y encontramos que los cinco países pequeños de América Central son muy distintos cultural y políticamente. Pero así como Brasil es un megapoder económico, otros tienen muchas dificultades.

UNP: Pero un presidente de los Estados Unidos, John Fitzgerald Kennedy, de alguna manera estaba pensando lo contrario y planteó indistintamente la Alianza para el Progreso.

F.S.: Nosotros estuvimos aquí cuando llegaron los primeros voluntarios de paz y cuando Kennedy y Jacqueline vinieron a Bogotá en 1961. No estoy seguro de que él pensara que todos los países eran iguales. Aunque es posible que tuviera esta percepción porque en los Estados Unidos existe poco conocimiento sobre América Latina.

UNP: ¿Qué mirada tiene de Colombia y su incapacidad para lograr la paz?

F.S.: Es un problema muy difícil. Uribe hizo mucho para llevar a la guerrilla hacia las márgenes del país y despertó el afecto entre la población de las cuatro grandes ciudades de Colombia, según las encuestas en Bogotá, Cali, Medellín y Barranquilla. Pero nunca hacen encuestas a los campesinos, entonces no sabemos qué piensan. Uribe contó con un importante apoyo político durante su presidencia con el 70% y 80% de las personas encuestadas, pero él tenía otra cara. A mí no me gustaba la idea de una segunda presidencia contra las reglas de la Constitución, eso fue un gran error. Los únicos que lo apoyaron fueron los que trabajaron en su gobierno. Además, se dieron aspectos negativos que ahora están saliendo a la luz.

UNP: ¿Cómo podríamos analizar a una América Latina que ya no se siente el patio trasero de los Estados Unidos?

F.S.: Eso es saludable. No es bueno concebirse como una región dependiente de los Estados Unidos. Los países que están en el circuncaribe, como México, Colombia y Venezuela, son muy dependientes de Norteamérica porque tienen una economía pequeña y la mayoría de su comercio se produce con ese país. En cambio Brasil, Chile, Argentina o Perú tienen un comercio diversificado con Estados Unidos, Europa y Asia. De esta forma no son tan dependientes y pueden desafiar a los EE. UU.

UNP: Pasando al tema de la droga, ¿será que tendremos que legalizarla algún día?

F.S.: En esto voy a citar a mi señora, quien fue fiscal en los EE. UU. Ella piensa que se podría legalizar la marihuana, porque no tiene efectos tan negativos. También, legalizar la heroína porque no crea agresividad. Pero el consumo de cocaína puede ser demasiado peligroso porque sí genera agresividad y problemas psicológicos.

Edición: UN Periodico Impreso No. 148

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Escuela de Annales; Fuente: Grand Tour (por Anaclet Pons)

Fundada en 1929 por Marc Bloch y Lucien Febvre, esta publicación del Grupo de los Anales, es una valiosa e innovadora compilación de investigación histórica. Más allá de la disciplina histórica, los Annales juegan un papel importante en el campo de las ciencias sociales y es el lugar privilegiado de un diálogo razonable entre las distintas ciencias del hombre, nuevas áreas de investigación y de historia comparada, la apertura de espacios culturales y de los nombres de prestigio y jóvenes historiadores, que definen el espíritu de los Annales.

Esta publicación resulta de gran importancia al revisar la producción científica reciente en forma de informes (200 por año) y un análisis en profundidad de las obras más significativas en historia e historiografía en el mundo.

Esta revista es la publicación de la historia francesa la más amplia distribución en todo el mundo. Actualmente recibe el nombre de Annales. Histoire, Sciences sociales.

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Fuente: Blaa Virtual

Historiografía colombiana – Realidades y perspectivas
Jorge Orlando Melo
© Derechos Reservados de Autor

Los estudios históricos en Colombia:
situación actual y tendencias predominantes

En: Universidad Nacional. Revista de la Dirección de Divulgación Cultural Nº 2. Enero-Marzo 1969. pp 15-41, y reeditado en Sobre historia y política (Medellín, 1979).

La historiografía colombiana comienza con la conquista (1). Entre los acompañantes de los primeros conquistadores hubo siempre soldados o clérigos que se preocuparon por comunicar a la posteridad o a las autoridades españolas contemporáneas los más

importantes y en especial los más gloriosos acontecimientos de las luchas de conquista (2). Las crónicas, elaboradas inicialmente por testigos presenciales, luego por historiadores que apelaron a documentos oficiales, a crónicas anteriores y a los recuerdos de sus más ancianos contemporáneos, constituyeron el núcleo del conocimiento tradicional de la conquista y de las primeras colonias españolas, y han sido justificadamente la base de la labor investigativa de los historiadores posteriores. A estos cronistas de la conquista es preciso añadir los diversos autores que trataron de dejar un relato de la cristianización de las poblaciones indígenas y de la fundación y desarrollo de las órdenes religiosas (3). Aunque la preocupación fundamental de casi todos los cronistas neogranadinos, laicos o religiosos, era de tipo apologético, es sorprendente la amplitud de la mirada con la que trataron de captar la realidad a la que se enfrentaban. Tal vez la misma falta de rigurosa preparación científica y de cristalización de una forma aceptada de escribir historia les permitió interesarse por las costumbres de las sociedades indígenas, la vida cotidiana de las poblaciones coloniales, los actos administrativos vinculados a la vida económica y social, el desarrollo de las primeras instituciones culturales, etc.

Esta primera fase de nuestra historiografía parece detenerse, para las historias generales del Nuevo Reino, a mediados del siglo XVII. Aunque los misioneros continuaron ocupándose en la elaboración de historias misionales, los trabajos sobre los aspectos civiles del virreinato constituyen siempre fuentes primarias en sentido estricto: son relatos de viajeros, informes oficiales, descripciones contemporáneas de conjunto. Sólo después de la guerra de la independencia florecen de nuevo los estudios históricos. Muchos de los participantes en las luchas contra la metrópoli española escribieron sus memorias, algunas de las cuales se extienden hasta los años de la República de la Nueva Granada. Pero como trabajo de orden histórico el más destacado es el de José Manuel Restrepo, Historia de la Revolución en la República de Colombia ( 4). Basándose en sus recuerdos y en el conocimiento personal que tuvo de los principales actores de la guerra de independencia, en una amplia documentación coleccionada gracias a su propio esfuerzo, y en los archivos del gobierno, a los que tuvo un acceso incondicional, Restrepo ofreció un rápido recuento de los principales acontecimientos del Nuevo Reino de Granada durante el siglo XVIII y comienzos del XIX, y una historia bastante detallada del período 1810-1832. El autor, pese a su vinculación directa, práctica, sentimental e ideológica, con los movimientos de independencia y con el gobierno colombiano, al cual sirvió en diversos empleos, trató de mantener una actitud de objetividad que le permitiera «desnudar las relaciones contradictorias de los realistas y de los patriotas de las exageraciones de los partidos contendores en la guerra de la independencia y averiguar la verdad comparando entre sí las diferentes versiones» (5). Esto no impide que Restrepo haya visto su obra como una tarea patriótica, ni que sus juicios, pese a sus reservas y a su indudable espíritu crítico, estuvieran marcados por un vivo entusiasmo por la obra de la revolución. Pero tal entusiasmo era eminentemente «republicano» y de un claro matiz moderado. Aunque consideraba que la ruptura con España era justa e indispensable para el verdadero progreso del país, creía que la república debía organizarse sin trastornar el orden social y dentro de un espíritu de moderación y orden. Las actitudes radicales, las proclamas demagógicas que a veces parecieron incidir sobre el rumbo de las luchas de independencia, los movimientos de las castas dominadas merecían su reprobación, matizada con cierto paternalismo benevolente. Además, las tareas políticas y militares embargaron la atención y la actividad de los líderes nacionales durante los veintes y desde 1810 a 1830 fueron los incidentes de orden militar y las ocasionales crisis políticas las que tuvieron en vilo a los grupos de notables del país. No tiene pues nada de extraño que Restrepo haya dirigido su atención en forma predominante a lo que aparecía como decisivo para sus contemporáneos, y que modificaciones de la vida nacional de importancia fundamental pero menos aparentes hayan recibido solo casual mención en su obra. Pero lo que era inevitable en Restrepo tuvo un efecto menos deseable en los historiadores subsiguientes, que adoptaron la Historia de la Revolución como modelo básico para la escritura de la historia nacional y redujeron la evolución histórica colombiana a la sucesión de luchas militares y de actividades políticas: los problemas del dominio del Estado y las realizaciones gubernamentales coparon la atención de la mayoría de los investigadores posteriores a Restrepo. Igualmente, su obra sirvió para fijar de manera casi inmodificable uno de los centros de atención que han fascinado permanentemente a los historiadores. Aunque su obra era de «historia contemporánea», y fue continuada por una Historia de la Nueva Granada( 6) que continuó el relato hasta 1854, la historiografía nacional abandonó cada vez más la pretensión de tratar los sucesos recientes, de modo que el límite entre los «histórico» y lo «contemporáneo», supuesto terreno de estudio de la sociología o la economía, pero no de la historia, se ha ido alejando progresivamente del presente. Restrepo, al terminar La Historia de la Revolución con los sucesos de 1832, estableció para varias décadas un límite que solamente en raras ocasiones transgredieron los historiadores de oficio, que abandonaron el período posterior a los polemistas políticos y a los escritores de memorias personales (7).

Lea el documento completo AQUÍ

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Este es el sitio oficial donde podrá encontrar información y documentos sobre Marc Bloch, medievalista francés (1886-1944), fundador junto con Lucien Fébvre de la Escuela de Annales. Víctima de la barbarie nazi.

Visite este interesante sitio de la Asociación Marc Bloch AQUÍ

También encontré una copia digital de su libro Apología por la historia o el oficio del historiador.

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Las investigaciones sobre el desarrollo de la ciencia en Colombia se encuentran apenas en su fase inicial. Aunque existe una copiosa literatura sobre algunos aspectos de las prácticas profesionales, ante todo de la medicina y la ingeniería, y aunque los estudios sobre historia de la educación han producido resultados notables, las deficiencias metodológicas de la mayoría de los trabajos publicados muestran la urgencia de un trabajo más sistemático y riguroso. Es preciso superar los estudios en los que apenas se enumera una serie de practicantes notables de una disciplina, sin que sea sea posible establecer realmente qué hicieron, cuáles fueron sus relaciones con el ambiente científico internacional, en qué medida realizaron una incorporación exitosa de metodologías ya desarrollas en otras partes del mundo, hasta qué punto sus trabajos superaron un nivel puramente imitativo y repetitivo y condujeron a aportes en sus áreas respectiva. Y es importante que se desarrolle una historia de la actividad científica que tenga en cuenta las complejas relajones de esta con el estado de desarrollo general del país, tanto desde el punto de vista social y económico como desde el punto de vista de las mentalidades, los prejuicios y saberes del sentido común que entran en conflicto con una actitud científica moderna. Por último, las condiciones mismas de actividad científica -la existencia de instituciones científicas, laboratorios, grupos de trabajo, publicaciones, posibilidades de debate y crítica y de acceso al saber internacional— requieren un estudio preciso y sobrio En los últimos años, con el apoyo de Colciencias, un grupo multidisciplinario ha hecho algunos avances notables en este sentido, aunque los primeros resultados que se conocen son desiguales, se concentran en el periodo mejor conocido -el siglo XVIII- y revelan a veces un dominio limitado de la literatura histórica general sobre el país, lo que dificulta la localización precisa de los procesos científicos en la trama histórica colombiana Una revisión de estos materiales, así como los trabajos clásicos de historia de la ciencia, permite sin embargo señalar algunos elementos centrales del desarrollo científico colombiano y destacar algunas características generales de éste, aunque en forma todavía muy provisional.

Consulte este interesante artículo de conferencia AQUÍ

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Lugar común, la historia de la educación. Su estudio nos ha permitido la reconstrucción de diversos espacios. Uno de ellos es el de la época colonial, otro más el del México independiente y, finalmente, el del México contemporáneo. Todos estos espacios se desarrollan en diversos tiempos.
La riqueza, tanto documental como gráfica que encierran nuestros archivos, nos permite realizar un ejercicio muy importante, que es el de imaginar y crear. De aquí que en este Diccionario, se encierre una gran creatividad, gracias a los artículos de 32 colegas quienes, desinteresadamente, colaboraron en la creación de este disco compacto.

Muy interesante sitio con artículos disponibles y buena información. Visítelo AQUÍ.

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