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Posts Tagged ‘Historia de la educación’

Fuente: Ministerio de Cultura

El Ministerio de Cultura, como parte del programa ‘Memoria Literaria Nacional’ del Grupo de Literatura de la Dirección de Artes, conmemora en 2011 el Año Rufino José Cuervo, dedicado al centenario del fallecimiento de este gran escritor y filólogo bogotano.

Así lo determina la Resolución No. 0096 del 28 de enero de 2011, por medio de la cual el Ministerio de Cultura declara el 2011 como Año de Rufino José Cuervo, para honrar su memoria, promover su obra y fomentar la divulgación de su vida, como ejemplo para las nuevas generaciones de colombianos.

Elvira Cuervo de Jaramillo, gestora de esta gran iniciativa que apoya el Ministerio de Cultura, aseguró que “es muy importante llegar a las nuevas generaciones destacando la figura de Rufino José Cuervo, quien dedicó su vida a estudiar, a modernizar y a volver contemporáneo la lengua de Castilla. No solo en Colombia, sino además en todo el mundo hispanoparlante se debe reconocer a Cuervo como el artífice del buen español que nos une a todos”.

Las actividades del ‘Año de Cuervo’ que comenzarán oficialmente con la programación del II Festival de la Palabra y finalizarán en 2012, incluyen la publicación de un libro que escribirá Fernando Vallejo sobre Rufino José Cuervo, el cual se imprimirá en una edición restringida en la Imprenta Patriótica del Instituto Caro y Cuervo (ICC) y en una edición amplia con editoriales mexicanas. Su lanzamiento se hará en el primer semestre de 2012, para conmemorar, además, los setenta años de fundación del Instituto Caro y Cuervo (1942-1912).

Sobre Fernando Vallejo, la Exministra Cuervo de Jaramillo aseguró que es uno de los más grandes admiradores de la obra de Cuervo y que en una oportunidad afirmó: “Fue el hombre más bueno que ha tenido Colombia y por eso lo llamó San Rufino José”.

Por otra parte, a través de su página web http://www.caroycuervo.gov.co y de la página digital ‘Lenguas de Colombia’, el ICC propondrá un “juego lingüístico”, al que podrán acceder estudiantes de colegio y personas interesadas en la comprensión y utilización del Diccionario de Construcción y Régimen de la Lengua Española, obra que inició Cuervo en el siglo pasado y que terminó el ICC en 1994.

De igual manera, se están adelantando los trámites con el Banco de la República para expedir un billete con la efigie de Cuervo. Detrás de esta labor está el expresidente Belisario Betancur, miembro del Consejo Directivo del ICC.

Cabe destacar que bajo la coordinación académica del ICC, el Programa Nacional de Estímulos del Ministerio de Cultura abrió este año una beca de investigación en revisión editorial y crítica de la memoria bibliográfica de Cuervo. El propósito de la investigación editorial objeto de la beca es compendiar el pensamiento científico, literario, político y humanista del filólogo con base en la obra publicada por el ICC, en un volumen que se publicará a principios del año entrante.

“El ICC pretende, a través de esta beca, hacerle un homenaje a su mentor. Se espera que en un nuevo volumen, fruto de este trabajo editorial, se compilen algunas de sus producciones y se ofrezca un aporte innovador y significativo tanto de la obra como de su autor”, afirmó Genoveva Iriarte, Directora del ICC.

El Ministerio de Cultura inició el Programa Memoria Literaria Nacional en el 2008 con el ‘Año Tomás Carrasquilla’. En 2009 conmemoró el ‘Año Obeso–Artel’, dedicado a los dos representantes más destacados de la poesía afrocolombiana: Candelario Obeso y Jorge Artel. En 2010 destacó la figura de Eduardo Caballero Calderón, en el marco del centenario de su natalicio.

Visite el sitio en: http://www.mincultura.gov.co/cuervo/

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Entre las publicaciones de Frank Safford están El ideal de lo práctico: el desafío de formar una élite técnica y empresarial en Colombia (1976) y Colombia, país fragmentado, sociedad dividida (2002), con Marco Palacios. – Víctor Manuel Holguín / Unimedios

Por: Guillermo Parada, Unimedios

Frank Safford, profesor de la Universidad de Northwestern, experto en historia económica y política de Colombia en el siglo XIX, recibió el pasado mes de agosto el Doctorado Honoris Causa que le otorgó la Universidad Nacional de Colombia por su excepcional aporte a la memoria histórica del país. En entrevista con UN Periódico habla sobre la coyuntura política de América Latina.

UN Periódico: ¿Cómo empezó su recorrido para convertirse en uno de los grandes colombianistas?

Frank Safford: Mi carrera es accidental. Vine por primera vez a Colombia buscando un tema para mi tesis de PhD. Leí el libro de Luis Eduardo Nieto, Economía y cultura en la historia de Colombia, en donde dice que se pueden comprender las diferencias entre los partidos tradicionales colombianos a partir de sus intereses económicos. Aunque rápidamente encontré que Nieto estaba equivocado, hice investigaciones sobre empresas en la región de Bogotá y sobre el comercio. Ante esto, decidí escribir sobre historia empresarial. Terminé mi tesis en 1965 y en el mismo año regresé a la capital para hacer más investigaciones.

Trabajé en el archivo de la Academia Colombiana de Historia porque tenía los documentos del general Herrán, quien había invertido en una fábrica en Bogotá entre 1830 y 1840. Aunque no encontré temas interesantes, hallé un paquete de cartas del militar y otras personas que habían enviado a sus hijos a estudiar bajo su cuidado, en Estados Unidos. En las cartas se referían al tipo de educación que querían para los jóvenes. Decían: “A mí no me importa si mi hijo saca un grado, hay que meterlo en una fábrica para que aprenda cosas prácticas”. Esta clase de sentimientos solo están escritos, pues no es la percepción que se tiene sobre la clase alta de América Latina en el siglo XIX.

Por esa sorpresa abandoné la idea de un libro sobre la vida empresarial y empecé a escribir artículos sobre aquellos jóvenes en Nueva York. Esta investigación, por la que me concedieron el título Honoris Causa, se convirtió en libro El ideal de lo práctico, estudio histórico sobre el desarrollo de la educación en ciencias naturales y en ingeniería en el siglo XIX en Colombia.

UNP: ¿Cómo se siente ante la entrega de este reconocimiento?

F.S.: Estoy agradecido por el grado Honoris Causa. El decano Diego Hernández es muy enérgico y es consciente de que los ingenieros y profesionales de las ciencias naturales en Colombia tienen que internacionalizarse y relacionarse con centros importantes en tecnología. Él ha enfatizado en la necesidad de enviar profesores a países en Europa o Estados Unidos y tiene programas de intercambio con otras universidades en el extranjero.

UNP: ¿Piensa que usted se ha convertido en un personaje muy importante para Colombia gracias al mencionado libro?

F.S.: En realidad todo esto me sorprende. Cuando lo publiqué, un amigo colombiano me preguntó: ¿Por qué le dio por escribir sobre un tema tan raro? No esperaba que fuera gran cosa, lo escribí porque me interesaba el tema.

UNP: Usted pensó en hacer un libro y su tesis de grado en Argentina, pero acabó en Colombia. ¿Cómo percibe su interés en Latinoamérica?

F.S.: Casi nunca he dictado una clase sobre la historia de Colombia, quizá no habría sido de mucho interés entre los estudiantes. Siempre enseñaba cursos sobre América Latina en general y en algunas clases incluía a esta nación. Me considero no solo historiador de este país sino de América Latina.

UNP: ¿Cómo ve a América Latina hoy?

F.S.: Cuando Ronald Reagan –que yo considero más o menos un idiota– hizo una visita a tres países de Latinoamérica, dijo con gran sorpresa que todos son muy diferentes. Cuando vine con mi esposa a Colombia por primera vez, lo hicimos en autobús. Primero habíamos visitado Ciudad Juárez y Costa Rica, y encontramos que los cinco países pequeños de América Central son muy distintos cultural y políticamente. Pero así como Brasil es un megapoder económico, otros tienen muchas dificultades.

UNP: Pero un presidente de los Estados Unidos, John Fitzgerald Kennedy, de alguna manera estaba pensando lo contrario y planteó indistintamente la Alianza para el Progreso.

F.S.: Nosotros estuvimos aquí cuando llegaron los primeros voluntarios de paz y cuando Kennedy y Jacqueline vinieron a Bogotá en 1961. No estoy seguro de que él pensara que todos los países eran iguales. Aunque es posible que tuviera esta percepción porque en los Estados Unidos existe poco conocimiento sobre América Latina.

UNP: ¿Qué mirada tiene de Colombia y su incapacidad para lograr la paz?

F.S.: Es un problema muy difícil. Uribe hizo mucho para llevar a la guerrilla hacia las márgenes del país y despertó el afecto entre la población de las cuatro grandes ciudades de Colombia, según las encuestas en Bogotá, Cali, Medellín y Barranquilla. Pero nunca hacen encuestas a los campesinos, entonces no sabemos qué piensan. Uribe contó con un importante apoyo político durante su presidencia con el 70% y 80% de las personas encuestadas, pero él tenía otra cara. A mí no me gustaba la idea de una segunda presidencia contra las reglas de la Constitución, eso fue un gran error. Los únicos que lo apoyaron fueron los que trabajaron en su gobierno. Además, se dieron aspectos negativos que ahora están saliendo a la luz.

UNP: ¿Cómo podríamos analizar a una América Latina que ya no se siente el patio trasero de los Estados Unidos?

F.S.: Eso es saludable. No es bueno concebirse como una región dependiente de los Estados Unidos. Los países que están en el circuncaribe, como México, Colombia y Venezuela, son muy dependientes de Norteamérica porque tienen una economía pequeña y la mayoría de su comercio se produce con ese país. En cambio Brasil, Chile, Argentina o Perú tienen un comercio diversificado con Estados Unidos, Europa y Asia. De esta forma no son tan dependientes y pueden desafiar a los EE. UU.

UNP: Pasando al tema de la droga, ¿será que tendremos que legalizarla algún día?

F.S.: En esto voy a citar a mi señora, quien fue fiscal en los EE. UU. Ella piensa que se podría legalizar la marihuana, porque no tiene efectos tan negativos. También, legalizar la heroína porque no crea agresividad. Pero el consumo de cocaína puede ser demasiado peligroso porque sí genera agresividad y problemas psicológicos.

Edición: UN Periodico Impreso No. 148

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La Biblioteca Virtual del banco de la República ha puesto a disposición de los estudiantes y lectores de Colombia y el mundo, la extraordinaria publicación, de corte anecdótico, que publicara en 1926 don Gustavo Arboleda Restrepo (1881-1938), uno de los máximos historiadores de finales del siglo XIX y principios del siglo XX en el suroccidente de Colombia.

En este libro usted encontrará amenas narraciones sobre el ambiente intelectual, económico, político y educativo de Popayán y el Cauca en las últimas décadas del siglo XIX, con referencia al Colegio Seminario, la Universidad del Cauca, el colegio de los Hermanos Maristas, las costumbres payanesas, al igual que un nutrido anecdotario político de la región.

Consulte el documento AQUÍ

En la revista Credencial Historia Nº 115 de julio de 1999, se hizo una breve semblanza de este historiador caucano, la cual reproduzco a continuación:

Gustavo Arboleda (Popayán 1881-Cali 1938) fue uno de la principales historiadores colombianos del presente siglo. Su vida intelectual se inició cuando, debido a la guerra de los Mil Días, no pudo finalizar los estudios en la Universidad del Cauca, viéndose obligado a formarse como autodidacta en filosofía, historia y derecho.

Sus primeras actividades laborales se orientaron hacia el periodismo, que ejerció no sólo en periódicos regionales y nacionales, sino también de Ecuador, Chile y Brasil, donde desempeñó representaciones consulares de nuestro país. Precisamente el trabajo periodístico lo acercó a la investigación histórica, cuando escribió Apuntes sobre la imprenta y el periodismo en Popayán (Popayán, 1905) y El Periodismo en el Ecuador. Datos para un estudio (Guayaquil, 1908), que constituyeron los primeros esfuerzos por realizar una historia de esta disciplina.

Aunque su actividad periodística fue sin duda sobresaliente, los aportes más importantes a la cultura nacional los hizo Arboleda en sus trabajos de historia, entre los que destacaríamos Revoluciones locales en Colombia (Popayán, 1907), El Brasil a través de su historia (Bogotá, 1914), Evocaciones de antaño. Mis memorias (Cali, 1926), Compendio de la historia de Colombia (Cali, 1935), César Conto: su vida, su memoria (Cali, 1936). Más que trabajos propiamente históricos, los de Arboleda son crónicas de la historia política y social de Cali, del Cauca Grande y de Colombia. Al menos esto es lo que ocurre con su monumental Historia contemporánea de Colombia (6 volúmenes publicados entre 1918 y 1935) y la Historia de Cali (Cali, 1928), obras donde el autor deja que los documentos expongan la sucesión ordenada de los hechos; en ellas priman los acontecimientos, pero también los detalles y las anécdotas que quedaron plasmados en proclamas, en decretos o en la correspondencia personal pública o privada.

Muchas críticas podrían hacérsele a estos trabajos desde el punto de vista de la teoría y la metodología de la historia, pero una mirada objetiva sobre ellos muestra que ante todo corresponden a un tipo de paradigma historiográfico, el positivista, que abordaba el estudio del pasado en forma genética, de tal forma que considera que la historia está constituida por la sucesión ordenada de los acontecimientos que quedaron plasmados en documentos que, a su vez, funcionaban como prueba. Los desarrollos de la moderna historiografía han llevado a superar esos modelos. Sin embargo, los trabajos historiográficos de Arboleda siguen siendo importantes y fundamentales para quienes quieran abordar el estudio de la historia de Colombia, ya que sin su tesonero trabajo no tendríamos el acervo documental para enfrentar la explicación del pasado.

Pero no toda la obra de Arboleda puede ser clasificada de la misma manera. Importantes artículos explicativos elaborados por él se encuentran en una obra de indudable valor, de la cual fue su principal gestor; el Boletín Histórico del Valle. Esta obra muestra que Arboleda no fue un historiador aislado, sino que a su alrededor giró, a comienzos del presente siglo, un importante movimiento intelectual que se dedicó a explicar el pasado y que permitió consolidar la Academia Vallecaucana de Historia, cuyos miembros abrieron el camino para el desarrollo de la historiografía regional.

Arboleda fue además un importante genealogista, como lo muestran sus obras Diccionario biográfico del Ecuador (Quito, 1911) y el Diccionario biográfico y genealógico del antiguo departamento del Cauca (Bogotá, 1962); esta última es sin duda una de las más importantes obras historiográficas del país, y al contrario de otras obras similares escritas para otras regiones, ella se compone de pequeñas historias que muestran la actividad que desarrollaron los hombres que, de una u otra manera, se comprometieron con la creación de la sociedad, la economía y el Estado regionales. Desde luego, Arboleda no sólo rastrea los personajes que hicieron del Cauca la región más importante del siglo XIX colombiano; también rastrea sus ascendientes y nos ofrece una abundante información sobre las biografías de los más importantes hombres de la colonia. Sobra decir que, sin este trabajo, y debido a las vicisitudes que han sufrido los archivos, hoy sería prácticamente imposible reconstruir las actividades de los más importantes personajes del suroccidente colombiano.

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Por: Andrés J. Vivas Segura
ajvivass@yahoo.com
8 de marzo de 2011

En 1879 nace Guillermo Diomedes Gómez Guzmán en la población de Almaguer (Cauca), en el macizo colombiano, en el seno de una tradicional familia de la región; algunos años más tarde fue enviado al Colegio Seminario de Popayán para completar sus estudios y proseguir la carrera eclesiástica. En 1904 es ordenado sacerdote en la Congregación de la Misión, y es enviado a ejercer su ministerio en las vecinas poblaciones de El Rosal, la Cruz, y en su pueblo natal. Hacia 1910 regresa a Popayán como profesor del Seminario, en un momento en que la política departamental decaía como consecuencia de la guerra de los Mil Días, y la fragmentación del departamento en varias entidades territoriales autónomas como, con la consiguiente pérdida de hegemonía de las élites payanesas en el ámbito geográfico regional del extinto Cauca Grande. Luego pasó como profesor de la Universidad del Cauca en materias de ciencias exactas y naturales.

Lecciones de geología 1De su paso por las aulas, el padre Gómez dejó como vestigios una colección de cuadernos manuscritos donde recopiló anotaciones para dictar sus cátedras, y comprenden áreas como la botánica –en que fue más extenso-, zoología, anatomía, evolución, astronomía, etología, psicología, derecho canónico, entre otros, además de una amplia obra genealógica, que ocuparía sus últimos años. Gómez fue profesor hasta 1942, cuando fue relevado del cargo ante las nuevas corrientes pedagógicas y la modernización del aparato educativo nacional y regional. Sus íconos botánicos comprenden una colección de sesenta ilustraciones botánicas, en lápiz y acuarela, sobre las especies de plantas -naturales y cultivadas- de Popayán y municipios aledaños, en un gran proyecto de botánica económica denominado por el padre Gómez como Flora Caucana, en cuyo marco elaboró las que quizás sean los primeros inventarios botánicos de la región.

Lecciones de Geología 2Uno de sus manuscritos lleva el título de Geología en el que buscó -como exponente del tradicionalismo caucano- la armonización entre ciencia y religión como formas de conocimiento no contrapuestas, en el marco del neotomismo católico, que pretendía demostrar –como señala Óscar Saldarriaga- el carácter religioso de la ciencia, tanto  como el carácter científico de la religión, como una de las formas en que la Iglesia se actualizó epistemológicamente en las ciencias positivas y experimentales. Según su amigo, el geólogo Enrique Hubach, el cuaderno del padre Gómez sobre geología “ha de servir de base en la composición de un texto para la enseñanza de eta asignatura en armonía con la religión”, pues  “viene a hacer de la geología un respaldo firme de la religión y de la conservación de la moral y la felicidad terrena” (Arboleda 1951: 47).

Lecciones de Geología 3De este manuscrito se destaca su hipótesis para explicar los levantamientos, en que Gómez explica una propuesta sobre la formación del relieve y las diferencias entre el nivel de la tierra en relación con el océano; el proceso del origen de la vida o biogénesis, y temas como estratigrafía y tectónica, para explicar la formación de la corteza terrestre en concordancia con la Biblia. También dedicó otro de sus manuscritos a la Sismología y Vulcanología, donde trató sobre la hipótesis del fuego central y la composición interna de la tierra. Estos cuadernos nos permiten conocer las formas de apropiación del conocimiento científico de la naturaleza en la primera mitad del siglo XX, en las instituciones educativas más prestigiosas del Cauca en Popayán: el colegio Seminario y la Universidad del Cauca. Estas ideas eran reforzadas por un fuerte determinismo geográfico, racial y fenotípico, común en los círculos académicos tradicionales, que permitía relacionar directamente el lugar donde una persona nacía o vivía, su condición racial o su apariencia física, con sus cualidades mentales y morales, como criterio de aceptación o exclusión para mantener el orden social.

El padre Gómez murió el 3 de febrero de 1946 después de 32 años dedicados a las actividades académicas; sin embargo, el día de hoy es casi un desconocido para las nuevas generaciones de colombianos, al igual que sus manuscritos originales, los cuales fueron conservados –con mucho celo- durante más de sesenta años, en un archivo privado de tipo familiar. Algunos de estos manuscritos fueron utilizados por el investigador Andrés J. Vivas en su tesis de maestría en Historia, en la Pontificia Universidad Javeriana, sobre la educación científica en el Cauca; actualmente este material está siendo trabajado en el marco más amplio de la historia intelectual de Popayán y el departamento del Cauca.

Fuentes:

Arboleda Llorente, José María. El Padre Gómez (Popayán: Editorial Universidad del Cauca, 1951).

Gómez Guzmán, Guillermo Diomedes. Lecciones de Geología Nº 2, sin fecha.

Gómez Guzmán, Guillermo Diomedes. Sismología y Volcanología Nº 22, sin fecha. Dadas las citas consignadas en el documento, éste debió ser escrito con posterioridad a 1939.

Saldarriaga, Óscar. “Miguel Antonio Caro: La modernidad del tradicionalismo. Episteme y epistemología en Colombia, siglo XIX”; en: Algunas facetas del pensamiento de Miguel Antonio Caro (Bogotá: Editorial Javeriana, 2008).

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Por: Andrés J. Vivas Segura
ajvivass@yahoo.com
22 de febrero de 2011

Fuente: El padre Gómez (1951), de José María Arboleda Llorente

Nació Guillermo Diomedes, el 25 de junio de 1879, en el seno de la familia conformada por don Vidal Gómez y doña Elisa Guzmán, representantes de las familias más antiguas de la población caucana de Almaguer. Fue bautizado dos días después en la iglesia de su pueblo natal, según la tradición de sus mayores, iniciándolo en el peregrinar por la doctrina católica, que más adelante le permitiría jugar un papel importante en la vida académica y eclesiástica de la región.

A lo largo de su vida el padre Gómez alcanzó a reunir gran cantidad de libros científicos y religiosos, manuscritos y demás objetos de valor histórico y regional en su estudio del Colegio Seminario, muchos de ellos vestigios del pasado indígena y las gestas de independencia en Bolívar y Popayán;  quizás por ello el capuchino Marcelino Castellví catalogó a Gómez como un antiguo recolector de supersticiones , un gran compilador de anécdotas e historias locales sobre el pasado lejano e inmediato del departamento del Cauca.

Gómez Guzmán era un personaje reconocido por su erudición en el suroccidente colombiano en temas científicos, históricos y eclesiásticos. En 1933 su amigo el doctor Enrique Hubach le había escrito para ofrecerle una colección de reliquias indígenas, antigüedades y curiosidades que había adquirido en sus múltiples viajes por Colombia, pues consideraba que en sus propias manos “están sufriendo las consecuencias de los trasteos y no tienen perspectivas de merecer un estudio antes del próximo período geológico”; Hubach le comunicó además que había conversado previamente con el entonces Ministro de Industrias, Francisco José Chaux –payanés- y habían determinado que el mejor lugar en que estos objetos podrían quedar es el pequeño museo que el padre Gómez había formado con tanto esmero científico en su amplio estudio del Seminario, donde podría aportar información sobre “la historia pre-española del Quindío y de la Sabana de Bogotá” . El doctor Hubach confiaba en los buenos servicios, diligencia e interés del padre Gómez con la disposición de los objetos que conformaban su colección.

Su amistad con Hubach databa de sólo un año antes, pues se habían conocido en 1932; Este geólogo chileno –de ascendencia alemana- autoproclamado popayanejo naturalizado, trabajaba en ese momento para el Ministerio de Industrias, dirigido por el Dr. Francisco José Chaux, y estaba recién llegado a Popayán: “Aquí los dos se trataron y admiraron mutuamente, a juzgar por la correspondencia escrita que mantuvieron después” . En alguna ocasión Hubach emitió su concepto de la obra de Gómez sobre las ciencias de la tierra, diciendo que “es de lo más importante porque viene a hacer de la geología un respaldo firme de la religión y de la conservación de la moral y la felicidad terrena”, y lamentó el hecho de que Gómez “no contó […] con una biblioteca suficiente que le permitiera allegar datos más completos”; por último añadió que sus cuadernos de geología “ha de servir de base en la composición de un texto para la enseñanza de eta asignatura en armonía con la religión”.

Con el reconocido geólogo intercambió una fluida correspondencia según Arboleda, pero no fue encontrado su archivo epistolar, y las únicas cartas consultadas son aquellas que se publicaron en su biografía, por ejemplo el envío de un fósil recolectado en el valle del río Patía por parte de Gómez a Hubach , que es identificado por este último como perteneciente a la familia Unionidae, por lo que sabemos entonces que se trata de un bivalvo, una ostra prehistórica que, según refiere el geólogo puede tratarse de una especie terciaria que vivía en aguas salobres a saladas, y que pasaría a formar parte de la Colección Geológica del Departamento de Minas y Petróleos del  Ministerio de Industrias de Colombia.

Dos días después del ofrecimiento de Hubach de donar su colección al padre Gómez, le escribía el propio Ministro Chaux, solicitando nuevamente que aceptara recibir la colección donada por Hubach al Colegio Seminario por conducto suyo, quien costearía el viaje de los objetos junto con un acompañante –empleado del Ministerio- que los cuide y entregue, pues estaban totalmente catalogados, e insistía: “Para mí personalmente me es muy grato tener ocasión de contribuir a que el Seminario continúe siendo uno de los primeros planteles que hacen la cultura de Colombia, y creo que esta colección arqueológica, será tenida allí con el especial cuidado que merece destinándole un local con el mueblaje que se requiere” .

El 28 de julio de 1933 fueron despachadas las once cajas enumeradas que contenían la colección, que además se habían recomendado con los trabajadores del ferrocarril para que llegaran bien a su destino, aunque el viaje no pudo haberse efectuado totalmente en tren porque la infraestructura ferroviaria era fragmentaria e incompleta en el territorio nacional. Seguramente el transporte incluyó algún tramo fluvial y en carretera, pero estos detalles no se mencionan en las cartas disponibles. Se quedaron sin empacar unas dos o tres ollas, el esqueleto de un niño precolombino, y algunos objetos pequeños; algunos días después Hubach emprendería algunas expediciones a Calaguala y Paletará, y luego el Putumayo y el Caquetá . Los objetos enviados por Hubach llegaron finalmente a su destino, donde el padre Gómez cuidó de ellos en su pequeño museo hasta su retiro definitivo del Seminario.

Hubach menciona incluso la posibilidad de gestionar que algún geólogo francés viajase a Popayán para que con el padre Gómez buscaran fósiles en el cañón del río Dagua, y le dice que lo hace porque “sobre todo deseo que un colombiano compruebe lo que otro colombiano ha descifrado como probable, sin más recursos que los que le concede la naturaleza de Colombia”; añade, en un arranque de sentimiento regionalista que hace valer su autoproclamación de popayanejo naturalizado, “Francamente, me parece más meritorio el resultado de los trabajos de Caldas y de Tulio Ospina, que en el fondo se han hecho por sí mismos, que el de otros naturalistas que han venido al país con todos los recursos de la civilización occidental” . Con ello Hubach aludía a la destreza técnica y disposición de trabajo y aprendizaje de los colombianos, pero al mismo tiempo reconocía que hay una carencia de profesionales formados en academias, lo cual explica –al menos en parte- el atraso en la infraestructura ferroviaria y vial del país hasta más allá de 1950, que traía como consecuencia la falta de articulación en términos sociales y económicos entre las regiones.

En 1936 -con el auge de tendencias modernizadoras en la pedagogía- el padre Gómez es retirado de sus cátedras en el bachillerato de la Universidad del Cauca, y en 1942 cesa sus clases en el Seminario, dado que esta institución se trasladó hacia su nueva sede, al norte de la ciudad, donde no pudo acompañarlos por sus dolencias de salud. En diciembre de 1944 Gómez presentó un derrame cerebral que lo dejó parcialmente paralizado, por lo que se le trasladó a una casa que el Seminario le había otorgado en usufructo vitalicio. Catorce meses más tarde Gómez fallecía el 3 de febrero de 1946 bajo el cuidado de sus hermanas, Edelmira y Elisa.

En la revista Albores , publicada por el Seminario Conciliar, ocupó primera página la noticia sobre el fallecimiento del padre Gómez, encabezado por la cita Sapientia aedificabitur domus et prudentia roborabitur (La sabiduría edifica la casa y la prudencia la robustece, ó, Gracias a la sabiduría se cosntruye una casa, merced a la experiencia se la consolida. Tomado de la Biblia, Proverbios 24: 3). En este documento se enaltece la memoria del padre Gómez, y se le hace un esbozo biográfico, mencionando su ascendencia hidalga, y su calidad de estudiante junto al entonces profesor del último lustro del siglo XIX, el padre Malezieux en el Seminario de Popayán. Se señala que hacia 1915, aparece el padre Gómez acompañando al Arzobispo Arboleda en visitas pastorales, actividad que no gustó mucho al padre, ya que “su carácter modesto más era para las silenciosas faenas de la ciencia en el laboratorio, más para escudriñar el movimiento de los astros que el de las multitudes”. En este artículo se afirma incluso que “El era nuestro Mutis, y en verdad que la fisonomía del P. Gómez tenía marcadas semejanzas con la del sabio gaditano”.

En un fragmento de periódico no identificado, se encuentra el artículo titulado El Padre Gómez , que se encuentra firmado por las iniciales P.C.R., y repite los datos principales publicados en los demás artículos sobre la trayectoria del padre Gómez como hombre de ciencia y como eclesiástico, y afirma: “consagración excepcional la del P. Gómez, en ambiente como el nuestro donde la investigación científica no constituye señuelo halagador; una fuerza interior animaba su esfuerzo en las complejas labores de estudio que emprendió”, y agrega: “Inútil ponderar el beneficio intelectual que significa la publicación de su obra; profesores y alumnos encontrarán allí conocimientos de gran valor para las diferentes ciencias comentadas”. Finalmente se menciona la orden de colocar un retrato suyo en la Universidad del Cauca y otro en el pueblo de Bolívar.

La información de este corto artículo fue extraída principalmente de la biografía del padre Gómez escrita por José María Arboleda Llorente en 1951, y forma parte de mi investigación sobre la educación en el Cauca a principios del siglo XX. Este es un pequeño homenaje al padre lazarista Guillermo Diomedes Gómez Guzmán, docente en las áreas de ciencias exactas y naturales en el Colegio Seminario de Popayán y en la Universidad del Cauca, quien es uno de los grandes desconocidos por las nuevas generaciones de payaneses y payanesas, representante de la intelectualidad católica en la primera mitad del siglo XX en el suroccidente colombiano.

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En homenaje a la educadora payanesa Filomena Segura de Ayerbe, primera mujer en dirigir la educación no solo en Colombia sino el Latinoamérica, hoy se instalará una placa conmemorativa en la Secretaría de Educación Departamental.

Como antesala a este reconocimiento habrá una eucaristía a las 5:00 p.m. en el nuevo auditorio de esta dependencia que llevará el nombre de la distinguida institutora y pedagoga.

Filomena Segura de Ayer­be, Laita, como le decían de cariño, según su nieta Lulu Ayerbe Chaux, era una mujer de grandes talentos intelectua­les, maestra del Gran Cauca, quien educó a varias generaciones del país.

“Una mujer instruida, todo un libro abierto. Recuerdo que a todos sus nietos nos contesta­ba cualquier pregunta, leía mucho y eso la hacía una mujer muy letrada”, agrega.

Y es que su precocidad mental se hizo manifiesta ­cua­n­­do a la edad reglamentaria escolar, sostuvo un examen de lectura en idioma francés con tanta fluidez, como la dada a conocer en el idioma materno.

A sus 14 años, inclinada por vocación a la carrera peda­gógica, ejerció el cargo de maestra de escuela, silenciosa labor que encontró siempre firme y optimista.

Filomena fue maestra en la ciudad de Pasto y en el  municipio de Barbacoas, departamento de Nariño, donde dirigió el Liceo Público; directora del colegio Nacional en el Puerto Ecuatoriano de Bahía de Caráquez; en Santiago de Chile, directora de la Escuela de La Concepción y en Santiago y San José de Costa Rica, regentó el Colegio Oficial. Fue también directora de algunos colegios privados en Chiriqui provincia de Panamá.

En Popayán colaboró con el Colegio para Señoritas, fundado y dirigido por Adelaida Castillo de Valencia, madre del poeta Guillermo Valencia, a quien instruyó en los primeros pasos de la escritura y lectura; por dos años  se desempeñó en el cargo de subdirectora de la Escuela Normal de Señoritas y luego directora por doce años más.

Su actividad se encaminó hacia la promoción de la educación pública y ante todo, en la formación de maestras que se encargó de llevar el saber a las regiones más apartadas del extenso Estado Soberano del Cauca.  

Estuvo casada con el también educador y diplomático José Gaspar Ayerbe, payanés educado en Bélgica, quien le transmitió sus vastos conocimiento, y falleció durante su periplo de exilo en las guerras civiles de la segunda mitad del siglo XIX.

Filomena Segura de Ayerbe fue la primera mujer que en el país tuvo la responsabilidad de dirigir la instrucción pública, en una dependencia que podría equipararse a lo que hoy son las secretarias de educación de los departamentos.

Paralelo a estas actividades, escribió textos de historia y aritmética, los cuales complementaban su labor educadora.

Colaboró en la sección femenina del diario ‘El Mercurio’ de Chile, como también escribió y dejó algunos compendios tales como la ‘Historia de la pedagogía’, ‘El qué castellano’ y ‘Métodos de aritmética’.
 
¿Sabía usted que…
Filomena Segura de Ayerbe nació en Popayán el 22 de agosto de 1841 y falleció el 25 de marzo de 1935, hija de Guillermo Segura y Bernardina Caldas Grueso?

Fuente: El Liberal

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Lugar común, la historia de la educación. Su estudio nos ha permitido la reconstrucción de diversos espacios. Uno de ellos es el de la época colonial, otro más el del México independiente y, finalmente, el del México contemporáneo. Todos estos espacios se desarrollan en diversos tiempos.
La riqueza, tanto documental como gráfica que encierran nuestros archivos, nos permite realizar un ejercicio muy importante, que es el de imaginar y crear. De aquí que en este Diccionario, se encierre una gran creatividad, gracias a los artículos de 32 colegas quienes, desinteresadamente, colaboraron en la creación de este disco compacto.

Muy interesante sitio con artículos disponibles y buena información. Visítelo AQUÍ.

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