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Posts Tagged ‘José Vicente Vivas Castrillón’

Por: Andrés José Vivas Segura

El pasado martes 1 de junio de  2010,  falleció en su residencia de Popayán, a la edad venerable y sabia de 93 años, el doctor José Vicente Vivas Castrillón, Mayor (r) de la Policía Nacional. Don José Vicente nació en Popayán el 5 de abril de 1917, estudió sus primeras letras en el Seminario Menor, regentado en aquella época por padres jesuitas, y terminó su educación básica en el bachillerato de la Universidad del Cauca. Huérfano de padre y madre a temprana edad, quedó al cuidado de sus tías Llorente Mosquera y del inolvidable papá Polo Castrillón, recibiendo además la benevolencia de Don  José María Arboleda Llorente y otros familiares que trataron de sacar adelante a este inquieto huérfano, quienes le procuraron sus necesidades básicas.

En virtud de su orfandad no fueron pocas las necesidades que debió enfrentar a lo largo de su vida, como ejemplo de abnegación y trabajo para las tres generaciones que le suceden en la actualidad, y que deploran su fallecimiento con el amor filial que él mismo les inculcó.

Navegando por los meandrosos ríos que desembocan al Pacífico, caminando por el implacable sol del valle del Patía, o trepando las cordilleras caucanas a lomo de caballo, el joven José Vicente conoció de primera mano el departamento, su geografía, economía y población; tanto que su tesis de grado, en el año de 1969, fue titulada “Breves anotaciones sobre el departamento del Cauca”, que presentó para optar al título de Doctor en Derecho y Ciencias Políticas y Sociales, en la Universidad del Cauca. A continuación transcribo el párrafo inicial de la tesis de grado, para dar una idea de su estilo y propósitos académicos de entonces:

“Me he propuesto en este breve estudio sobre el Departamento del Cauca, presentar algunos ligeros aspectos, referentes a su realidad social y económica. Para ello los conceptos y opiniones que aparecen, son el fruto de mi experiencia personal y el conocimiento profundo que de algunas regiones tengo, no solo por haberlas recorrido, sino por haber vivido su amarga realidad. Por ello, quiero ser veraz, al mismo tiempo que sincero; poner el dedo en las llagas que nos aquejan y simultáneamente decir cuáles son los remedios para curarlas; algunas veces fustigaré los graves defectos del caucano y en otras elogiaré sus grandes virtudes humanas. Esta monografía es, en síntesis una pequeña radiografía. Como tal debe ser estudiada, medida y analizada por expertos.”

De ideología marcadamente conservadora, participó en la actividad política departamental al frente de las banderas de su partido, y vivió de cerca la violencia a lo largo y ancho del siglo XX. En 1945 el gobierno requirió el nombramiento de miembros de la fuerza pública para lo cual convocó un concurso ante el cual se presentó el joven Vivas Castrillón, quien se hizo merecedor del nombramiento como Mayor de la Policía Nacional, al igual que otros cuatro ciudadanos colombianos, de entre 700 participantes. Desde entonces comenzó su vida militar, que lo llevó a trabajar y conocer los departamentos de Nariño, La Guajira y Valle del Cauca.

El 9 de abril de 1948 le sorprendió en la comandancia de Policía del Ferrocarril del Pacífico, en la vecina ciudad de Cali, donde debió enfrentar la arremetida de las fuerzas gaitanistas vallecaucanas, demostrando sus cualidades humanas en defensa de esta institución, patrimonio y baluarte del suroccidente colombiano, en cuyas acciones fue acompañado valientemente por su amada esposa Isabel Gómez Muñoz, y su cuñada Sara Matilde, quienes se tuvieron que resguardar en las instalaciones del Comando de Policía de dicha ciudad, durante cuatro días en que –sin descanso- su esposo protegió la seguridad del pueblo caleño.

Desde joven y hasta su edad adulta comerció con el caucho en los tiempos de la bonanza, con sendos cultivos en el andén pacífico caucano, en sus tierras colindantes con el caudaloso rio Micay y el río Chuaré, la serranía del Sigui y la quebrada Agua Clara, sitio edénico que su padre Francisco Vivas Córdoba lo denominó “El Deleite”, donde conoció grandes culebras semejantes a troncos caídos, así como el temor que provocaba el paso de inmensas manadas de tatabros cerca del campamento, que obligaban a los viajantes a treparse a los árboles para huir de las embestidas de sus fieros colmillos. Sus hijos, nietos y bisnietos tuvieron el honor de disfrutar de sus historias sobre fieros animales y espantos azarosos que le salieron al paso a través de sus correrías, sobre los cuales conservó el más vivo recuerdo, como hombre de letras que siempre fue.

Gran trabajador, hombre probo, conoció como nadie la historia política, económica y social del departamento del Cauca y de la nación, desempeñándose en sus funciones como abogado al frente de importantes asuntos para el desarrollo de su pueblo, como fue el estudio jurídico de las minas y tierras del Naya, en el Pacífico caucano, prestando sus servicios a la Universidad del Cauca, a la que estuvo ligado desde antaño, especialmente por una fuerte afinidad intelectual hacia la academia. Su archivo personal atestigua una vida dedicada al servicio de sus coterráneos, así como su nutrida biblioteca, donde sus descendientes y amigos libaron de conocimientos sobre temas variados que abarcaron el derecho y teoría jurídica, literatura latinoamericana, enciclopedias como el clásico Tesoro de la Juventud, y gran multitud de obras locales sobre el Cauca y sus alrededores.

Otra de sus múltiples facetas, lo llevaron a un compromiso con  la juventud y es así como los Hermanos Maristas, que dirigen el colegio Champagnat, le ofrecen la cátedra de Historia y Cátedra Bolivariana con lujo de competencia dada su erudición,  y el Dr. Hartmann, Rector del Liceo Nacional, lo lleva a dirigir las cátedras sociales en el antiguo Liceo Nacional de Popayán.

Siempre atento y servicial, su don de gentes es reconocido por quienes le conocieron y tuvieron cerca como amigo o compañero de jornadas, con oportunos apuntes de picaresca payanesa y elegantes piropos para las damas. Gustaba de la música colombiana y disfrutó como nadie las extensas reuniones musicales en compañía de sus hijos, nuera y yernos, quienes entonaban cantares del Cauca y coplas remojadas en aguardiente.

Sus familiares que le sobreviven conservan en la memoria la imagen de un caballero a la antigua, pero con una mentalidad progresista sin par, de amor al trabajo y a los conocimientos prácticos, para hacer de ésta, su tierra, un mejor lugar para todos en la posteridad, bajo los más altos valores de la Cristiandad. El Directorio Conservador del Cauca y la Alcaldía Municipal se han manifestado elogiosamente sobre su persona, decretando tres días de luto en honor a su memoria, e izando la bandera a media asta. Seguramente su esposa Isabel, quien partió de este mundo hace 26 años, le ha recibido en la eternidad, con la confianza de haber desempeñado una importante labor, la cual será recordada en el porvenir por los caucanos, que con sincera emotividad le rinden un homenaje a su grandeza.

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